Los Hombres de

                   Rita Rico

03 2013

Quién soy

Nací en el verano de 1965, en Madrid, en el seno de una familia de clase media acomodada. Mi madre típica ama de casa, se dedicó a cuidar a sus cuatro hijas, yo la pequeña, y a su marido. Mi padre un inspector de hacienda muy pesado, con los años consiguió un despacho en el Ministerio y lo mantuvo hasta que se jubiló. Su alegría duró poco porque su corazón le falló y él dejó de existir. Mi madre se sintió liberada porque ella solo cumplía como esposa, con sus obligaciones como tal, porque nunca estuvo enamorada de él. Se casó de penalti obligada por sus padres. Ella siempre fría y distante con mi padre y él siempre aburrido y ausente.

Viendo este panorama en casa, decidí que nunca estaría con un hombre por estar y que disfrutaría al máximo de todos ellos. Digo todos porque hasta llegar al hombre que realmente amé, pasé por dos matrimonios y por muchas, muchísimas camas.

Tuve suerte con los genes que me tocaron. Mi cuerpo estaba muy bien proporcionado. Buenas tetas, redondas y turgentes. Siempre las exploté debajo de un generoso escote. Mi culo, trabajado en los gimnasios y en las camillas de las mejores esteticistas, era redondeado, duro y respingón. Más de uno se volvió loco con él. Tenía una bonita y abundante cabellera casi negra que la llevé larga y lisa durante muchos años. Mis grandes ojos negros estaban enmarcados con unas largas y pobladas pestañas. Nariz pequeña casi perfecta y unos labios carnosos que invitaban al pecado, a la lujuria. Lo único de lo que siempre me quejé, era mi estatura. Pero enseguida observé que a muchos hombres les gustaba ese tipo de mujer aparentemente frágil que ellos pudiesen dominar, controlar. 1m65cm. Mi estatura era perfecta para los más altos que yo. Y  mi pequeño complejo lo solucioné con tacones de vértigo.

Bueno, pues con ese cuerpo y mi percepción de la vida, recorrí mucho mundo y conocí muchos lechos mientras esperaba a mi príncipe azul, a mi hombre perfecto.

Hice la carrera de psicología. Aunque nunca haya ejercido como psicóloga, utilicé la psicología para escudriñar, escanear, analizar y conocer a fondo la naturaleza del sexo opuesto. También lo hice con mi propio género pero siempre necesité el reto de conseguir realmente entender a los hombres para conseguir convivir en armonía con ellos. A la mujer ya la conocía a través de las mujeres con las que conviví y a base de investigarme a mi misma a lo largo de toda mi vida.

Conocí todo tipo de hombres y formé mi carácter y personalidad con ellos. Ellos fueron realmente la respuesta a todas mis dudas existenciales. Son sencillos, no se complican la vida con pormenores y se miran mucho al ombligo. Aprendí a ser más directa en mis ideas y a no dar tantas vueltas a las cosas e iba a mi objetivo sin importarme nada.  Perdí todos los miedos que me paralizaban y descubrí que solamente puedes hacerte feliz tú mismo, nadie más lo puede hacer por ti.

Por eso decidí, a mis 65 años, contar mi vida desde la perspectiva del sexo. Siempre sentí que el sexo es lo que mueve el mundo por encima incluso del dinero porque el sexo está al alcance de todos.

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