Los Hombres de

                   Rita Rico

24  04 2014

Relato erótico de Rita Rico

LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE RITA

Mi amiga Marta seguía en China con su marido y él mío seguía con su peatonal recorrido por los senderos nacionales. Rafael no salía de España ni habiendo una urgencia familiar y ni tan siquiera si aquí entrásemos en un estado de guerra. Él tomó esta decisión desde que se auto jubiló con 60 años y yo con 35 no estaba dispuesta a embarcarme hacia el final de mis días con el estilo de vida que él escogió para sí. Era demasiado joven.

Ya había recorrido medio planeta, conocido a hombres de todas las razas y nacionalidades. Me metí en el mundo cibernético y practiqué sexo con ellos desde la silla del despacho o en directo en camas de hoteles. Todo me animaba al principio pero enseguida me aburría. Cuando te metes en este mundo, te das cuenta de cómo los hombres se repiten y quieren todos lo mismo. No les critico porque también buscaba sexo igual que ellos pero solamente me atraían los que eran ingeniosos y que realmente sabían llevar a una mujer a su territorio, a la cama. Me desconecté un poco del mundo del chat y me dediqué a buscar viejos amigos en internet. Encontré a muchos del colegio y del instituto. Me hice con una larga lista de amigos en las redes sociales. Me encantaba cotillear en sus perfiles y ver como a la gente le gusta contar lo divertida que es su vida, lo mucho que viaja, si la familia aumenta… Algunos se dedican a protestar sobre la situación del país, otros cuelgan chistes y muchos lo utilizan como canal comercial. Las redes sociales pasaron de ser el patio de mi casa a ser una merienda de negros. Me sentía como una voyeur espiando detrás de la puerta la vida de los demás. No me gusta compartir nada personal y tampoco tenía nada que promocionar, entonces me dediqué a ponerme al día con la vida de ellos a través del chat de Facebook.

Un día me sorprendió  ver que un amigo de la facultad, Carlos, me había solicitado amistad. Hacía más de 15 años que no sabía nada de él. Era amigo de Alfredo, hijo de Rafael. Cuando me casé perdí el contacto con la pandilla de mi ex porque todos se sintieron traicionados por mí, en empatía con su amigo.

Acepté su amistad y casi todos los días chateábamos un poco. Según sus fotos estaba más guapo que nunca a sus casi 40 años. Era el clásico soltero de oro que no lo pillaba ninguna mujer. Intentó ligar conmigo entonces pero yo estaba enamorada de Ulises y después empecé a salir con su amigo Alfredo. Me contó que perdió el contacto con todo el mundo incluido con mi ex porque estuvo viviendo en el extranjero desde que terminó la carrera.

Nos vimos fuera de la red y nos reímos mucho recordando el pasado. Jamás me criticó por haberme casado con el padre de su amigo y parecía que me entendía perfectamente. Me dijo que estaba saliendo con una mujer que conoció en sus múltiples viajes y que le asustaba lo que sentía por ella. Sus propios sentimientos le aprisionaban, no los gestionaba bien y no era capaz de disfrutar de ello.

Una noche intentó llevarme a la cama y tuve que cruzarme de piernas fuertemente para no caer en la tentación. Fue muy difícil porque él estaba buenísimo y realmente  sabía  cautivar y excitar a una mujer como yo. No me había vuelto para nada mojigata o moralista pero él me recordaba a Alfredo y lo mal que pasé al dejarle para casarme con su padre. Y también entendí que Carlos quería engañarse a sí mismo no siendo consciente que estaba perdidamente enamorado de su chica.

No quise volver a verle porque yo no tenía la carne precisamente muy fuerte. Mi carne era débil, muy débil y no estaba acostumbrada a reprimirme. Me mandaba mensajitos a través del Facebook provocándome como solo él sabía hacerlo y confieso que me excitaba mucho cuando lo leía pero no le seguí el juego hasta que, meses más tarde, me mandó un mail diciéndome que se casaba. Al principio no lo creí pero la invitación de su boda que llegó a casa me confirmó la noticia. El hecho de que él se casaba me desató, una vez más, la perversa que había en mí. Sentí una liberación tremenda al saber que entre él y yo nunca podría haber nada, en tal caso, sexo. Y si él era el maravilloso amante como predicaba, lo iba a comprobar. Era mala, malísima.

A la boda fui sola a pesar de que Rafael fue invitado también. El plan era perfecto y para mi sorpresa no conocía a nadie más que el protagonista del acostumbrado evento social. Él estaba más imponente que nunca y su novia era guapísima. Aparentemente estaban hechos el uno para  otro, eran una pareja de portada de revista.

Después de la cena, el clásico baile y unas cuantas copas de más, la cosa se animó. Aproveché la costumbre de brindar un baile al afortunado novio para insinuarme. Por sus venas ya corría un cantidad de alcohol suficiente para bajar la guardia y olvidarse que estaba celebrando supuestamente el día más feliz de su vida. Fui todo lo discreta que pude ser para que nadie notase que mi cuerpo se había transformado en brasas. Pero el lenguaje corporal que desconocemos, el instinto animal y el inconsciente hacen efecto igualmente. ¡¡¡Viva las hormonas y la química!!!

Nos miramos, nos separamos y volvimos a encontrarnos en el cuarto de baño. Nos metimos en una cabina enloquecidos por el deseo reprimido y completamente enajenados. Bueno, él más que yo. Al fin de cuentas no tenía que obviar que era el día de mi boda.

Nos besábamos sin control, enfurecidos, deseosos de liberar a los animales salvajes que llevábamos dentro. Le quité el pantalón junto con su ropa interior y le propiné una esmerada felación. Al tiempo que le succionaba su rabioso miembro le apretaba sus delicadas pelotas hasta que su garganta profirió un grito de satisfacción. Intentó quitarme el vestido pero le impedí bajándome las bragas. Le desnudé completamente y apoyé las manos en la pared, subí lo justo el vestido y me abrí toda para él. Me embistió con rabia, con ímpetu. Gemía y chillaba de placer. Su mano intentó frustrar mis aullidos tapándome la boca. Me liberé de ella y seguí gritando. Mi amigo, ahora amante, agarró de mis caderas y azotándome el culo cabalgó como un jinete disputando la mejor carrera de su vida. Cuando él estaba a punto de cruzar la línea de meta, abrieron la puerta de la cabina y nos pillaron.

La frase típica “cariño, no es lo que parece” me dio tiempo para subirme las bragas y salir pitando.

Nunca más le vi y por supuesto que él me bloqueó en el Facebook.

¡¡¡Qué divertida son las redes sociales!!!


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Dan Ganas de casarse

  2. ¿Lo dices por él o por ella??? jajajaja!!!!

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