Los Hombres de

                   Rita Rico

13  02 2014

Relato erótico de Rita Rico

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MIS ZAPATOS ROJOS

Llegó la era digital y con ella la facilidad de comprobar en el acto si la foto que has hecho te gusta y no tienes que esperar a que te entreguen el revelado. Siempre me gustó hacer fotos pero también, con lo vanidosa que soy, salir en ellas. Nací con la gracia de la fotogenia pero con este adelanto tecnológico aseguro salir estupenda siempre. El Photoshop llegó unos años más tarde. Justo a tiempo de mantenerme impecable en todos los reportajes que hice.

Iba por una concurrida y muy comercial calle de Madrid cuando un elegantísimo escaparate llamó mi atención. Allí estaban solos, con todo el escenario para ellos,  unos divinos zapatos rojos. Fue amor a primera vista. Entré en la tienda sin pensar y los probé. Fueron diseñados para mí, eran casi exclusivos. Por lo que me costó yo diría que era propio de una cartera portadora de tarjeta platino. Aún seguía casada con quien compartía la cuenta corriente y siempre fui muy caprichosa.

Me sentía tan feliz con mis nuevos zapatos rojos que sentí la necesidad imperiosa de inmortalizar mi dicha. ¿Quién dijo que el hábito no hace al monje? Se equivocó totalmente.

Llamé a un amigo fotógrafo profesional y contraté una sesión con él. Le conté que quería su mejor estilista para posar con distintos trajes. Era muy importante que los zapatos fueran los protagonistas.

El primer traje fue un vestido negro con un escote en la espalda que llegaba hasta el canalillo trasero. Mis brazos estaban vestidos con unos guantes largos del mismo color que el vestido y en los pies, la estrella de la foto. Me fotografió en distintos ángulos con ellos siempre en primer plano. No estaba muy contenta con el resultado y cambié de vestimenta.

Me puse un vestido de gasa blanco, semitransparente y jugamos otra vez con distintas posturas. Mi amigo recorría con su objetivo todo mi cuerpo captando cada movimiento. La foto que más me gustó de este traje fue cuando me puse en cuclillas, metí el vestido entre las piernas desnudando mis muslos. Estaba muy sexy. Pero aún no había llegado a la foto que quería. El contraste de mucha extensión de piel con el rojo del zapato me agradó bastante. La estilista me sugirió un biquini blanco, casi del tono de mi piel para que resaltase el calzado.

Con el biquini y los rojos zapatos cambiamos de escenario y nos fuimos a uno donde había una cama con sabanas de raso color marfil. Mi querido amigo me propuso untarme el cuerpo con aceite para hacerle brillar. No quise que la maquilladora me ayudase a extenderlo por mi cuerpo, preferí la ayuda del fotógrafo. Sus manos recorrieron las partes donde no llegaban las mías. Confieso que mi piel se erizó al contacto de sus cálidas manos. Abrí un dialogo con mi entrepierna recordándole que él era el marido de una amiga y jamás me acosté con la pareja de nadie. Al menos no tuve consciencia de ello.

Me puse boca arriba, boca abajo y sacamos muchas fotos. Mi amigo estaba encantado de irme desnudando poco a poco. Yo estaba muy a gusto con él por su profesionalidad y sensibilidad. Le encanta el cuerpo femenino, sus curvas, sus delicadas pieles y su brillo. Y él hacia magia con su cámara y con la iluminación. A través del visor él veía lo que un ojo no es capaz de ver y lo plasmaba disparando su cámara sin cesar cuando le apasionaba lo que captaba.

Me convenció que me desnudara y que cubriera las partes íntimas con un pañuelo de seda pintado con suaves tonos de rojo. Cada vez me excitaba más la sesión. Estaba completamente desnuda ante su cámara tapada únicamente por una fina y delicada tela. Él me indicaba posturas para que mis senos salieran perfectos, redondos y firmes. Uno tapado y el otro al aire o los dos descaradamente desnudos. Cambió la luz y jugó con las sombras. Me pidió que me olvidara del pañuelo. Estaba tan a gusto que no me importó cuando él me desnudó totalmente. Pidió a sus ayudantes que no entrasen al estudio para que tuviésemos intimidad total. Qué peligro pensé al oír la palabra intimidad. Yo desnuda con un hombre con un señor objetivo en la mano. Me comuniqué otra vez con mi vagina para que no se entusiasmara porque no se trataba de sexo. Pero mi semblante y mi mirada cambiaron y el cámara y la cámara capturaron la transformación.

Hice todo lo que él me propuso. Me sentí, en algunas posturas, como si estuviese en un rodaje de una película porno. Sobre todo las fotos donde se veía muy bien mi depiladísima vagina y el zapato en primer plano. Cada vez me excitaba más la experiencia de posar desnuda. El fotógrafo me inflaba el ego diciéndome lo bien que posaba, lo guapa que era y lo mucho que me quería la cámara.

Me hizo fotos de frente levantando las nalgas, de pie sobre una base, en el suelo acariciando mis zapatos con la melena tapándome la cara, a cuatro patas, desde atrás, en posición fetal, saltando, bailando, durmiendo, con pétalos de rosa por mi cuerpo. Hicimos muchas hasta que dimos con la foto de mis zapatos rojos.

Y esta joya, esta obra de arte de mi amigo, excelente profesional, os la regalo para vuestro deleite visual.


4 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Como no podía ser de otro modo, nuestro querido y común amigo supo encontrar lo mejor de los dos mundos, el zapato y el desnudo! Enhorabuena!

  2. Sólo puedo decir: GRACIAS!!!!!!!!!!

  3. Gracias a ti por leerme.

  4. Sí, fue una experiencia inolvidable!!!!!

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