Los Hombres de

                   Rita Rico

23  01 2014

Relato erótico de Rita Rico

polla, polla grande, pollon,polla negra, condonQué será lo que tiene el negro

Marta y yo mantuvimos una relación íntima durante dos años. Nuestros encuentros sexuales estaban asociados con nuestros viajes. Nunca nos enrollamos en Madrid. Cuando volvíamos a nuestras respectivas casas, a nuestros conyugues, actuábamos como si nada hubiese sucedido entre nosotras. Todo quedó guardado en nuestras memorias, en nuestros corazones porque fue una necesidad que ambas teníamos de cariño, consuelo y porque no decirlo de sexo y desenfreno. Éramos muy viciosas.

Después de este tiempo de goce y disfrute con mi amiga, resolví volver al maravilloso y variado mundo del falo. Necesitaba uno de verdad, de carne, no de silicona como usábamos muchas veces en nuestros juegos. Seguimos viajando por el mundo en búsqueda de algún oriundo interesante para satisfacer nuestras necesidades carnales.

Recuerdo un viaje de ocho días a Madeira, magnifica isla portuguesa. Estuvimos cuatro días recorriendo toda la isla. Su costa, sus montañas, sus bosques, sus cultivos de flores. La isla realmente merece una dedicada observación por la belleza y exuberancia de su paisaje. Nuestras vistas estaban saciadas pero nuestros cuerpos no. Necesitábamos marcha y fuimos a por ella. Recorrimos todos los bares de la capital y no vimos nada que nos llamara la atención. Decidimos tomar la última copa en un disco-bar al lado de nuestro hotel. Dimos una vuelta por el local y nos encontramos con más de lo mismo: nada interesante. Decidimos terminar nuestras copas y volver al hotel.

De repente una espectacular entrada nos hizo cambiar de idea. En la puerta del bar aparecieron tres dioses de ébano. Tres negros impresionantes. Altos, guapos y fuertes. Todos los clientes que allí estábamos paramos para admirar el cuadro en movimiento. Eran tres negros de distintos tonos. Los llamamos café solo, café con leche y cortado. A Marta rápidamente le dije que me gustaba mucho el mulato (café con leche) y a ella el más negro (café solo). Una vez decidido el tono fuimos a por ellos.

Mi café con leche era un poco tímido, más bien callado pero muy generoso. No paró de invitarnos toda la noche. A las seis de la mañana le dije que ya no necesitaba beber más, que no necesitaba que me emborrachase para irme con él. Lo estaba deseando desde que le vi entrar al bar. Después de esta dulce confesión cogimos un taxi y nos fuimos a su hotel. Al entrar en la habitación en silencio me desnudó entre besos y caricias. En silencio se desnudó y nos metimos en la ducha. Jamás  olvidaré la impresión que tuve al verle completamente desnudo y su impresionante erección. Era tan grande y duro su instrumento que podía sentarme en él y columpiarme. Estaba excitadísima e impaciente por probar tan magnifico monumento. Mediría, según mi experiencia unos 23cms. Era perfecto, recto y más oscuro que el tono de su piel.

Sus manos acariciaron todo mi cuerpo y sus labios hicieron el mismo recorrido que ellas. Salimos de la ducha, me secó delicadamente y me cogió en brazos. Su pene rozaba mi culo de camino a la cama. Me depositó en ella y se encajó entre mis piernas. Pegó su escultural cuerpo al mío y empezó el delirante recorrido por mi piel. Besó mi cuello, mis labios mientras se frotaba su oscura piel haciendo contraste con mi tono blanco de invierno. Seguía bajando por mi cuerpo entreteniéndose un rato en mis pechos. Mis pezones al igual que mi clítoris estaban duros e impacientes como yo. Sentía como mi sexo se preparaba con abundante lubricación para dar cabida a tan grande invasor. Mis piernas, enloquecidas como su dueña, abrazaron su cuerpo invitándole a que me poseyera. Mi mulato siguió torturándome con su lengua, con sus manos hasta llegar a mis genitales. Un grito salió de mi garganta cuando sentí como su pequeño musculo exploraba con mucha destreza mi parte más sensible. Su boca engullía mi vulva, mis labios, mi clítoris electrizando todo mi cuerpo. Chillé, gemí.

Me dio la vuelta y cubrió mi cuerpo con su saliva. Abrió mis nalgas y me dedicó el mejor anilingus de mi vida. Su lengua caliente y húmeda mojaba y penetraba mi ano. La notaba dura, grande y entonces me volví loca. Le quería dentro de mí, que me tomase, que me penetrase y que me hiciera suya mientras duraba nuestra particular y excitante velada. Pero no podía dejar que tamaño obelisco entrase entero, era evidente que no cabía. Me puse en cuclillas y clavé su poste en mi interior. Ahhhh…que sensación alucinante experimenté con el mulato dentro de mí. Me apoyé en su pecho para poder ver como entraba y salía su negra arma. Vibré en un orgasmo continuo. Empalmaba uno en el otro sin cesar. Seguí trotando por su increíble potro hasta que él me  desclavó para pintar su oscuro abdomen con su blanca esencia.

Me eché a su lado y abracé su cuerpo fibroso, escultura natural. Pero mi compañero de noche era insaciable y al rato levantó el mástil y lo vistió con un preservativo King size. Me puso a cuatro patas y me penetró por detrás. Sentí un agudo dolor en mis entrañas. Lo metió entero, me lleno toda y más allá de lo que podía acoger. Se dio cuenta y puso sus manos en mi trasero para amortiguar sus embestidas. Ohhhh…que satisfacción, que gusto experimenté otra vez con su miembro dentro de mí. Apoyé mi cara en la almohada mientras mi amante afroportugués me sacudía con ímpetu llevándome otra vez al clímax con espasmos incluidos. Chillé, gemí y él se convulsionó sobre mi alcanzando mi enloquecedor orgasmo.

Me dejó en mi hotel y me despedí de él para siempre. Jamás me olvidaré de esta isla tan bella y de su naturaleza exuberante.

Si te gustó este relato quizás te guste también,

Si el probador hablase http://bit.ly/16tQbyE


Leave a Reply


× 5 = diez

« »