Los Hombres de

                   Rita Rico

16  01 2014

Relato erótico de Rita Rico

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Marta, mi nueva amiga y compañera de viajes, era muy guapa, tenía un cuerpo escultural, de portada de revista. Teníamos la misma edad, treinta y cinco años. Rubia natural, delgada, más alta que yo, ojos verdes, nariz larga pero bien diseñada que le daba un toque muy elegante a la cara. Sus voluminosos y turgentes pechos eran de silicona, operados en Brasil, en la clínica del famoso cirujano plástico Ivo Pitangui. Creo que la nariz también era operada, un trabajo muy bien hecho. Era guapísima. En todos los sitios a los que íbamos llamábamos la atención. Dos pibones: una morena y otra rubia.

Su marido era un alto ejecutivo que no paraba de viajar. Ellos eran una pareja muy liberal y Marta estaba muy acostumbrada a hacer su vida bastante independiente de la de su marido. Nos sentíamos abandonadas por ellos y entonces le propuse que viajáramos juntas. Le encantó la idea. No teníamos hijos,  éramos libres y con dinero, mucho dinero de nuestros maridos.

Nuestro primer destino fue Paris. Recorrimos toda la ciudad de tienda en tienda y renovamos nuestros armarios.

Volvimos al hotel agotadas por el día de compras y de risas. Habíamos quedado en descansar un poco para luego ir a cenar a uno de los restaurantes más chics de aquel entonces y a bailar a algún sitio.

Preparé el jacuzzi para tomarme un baño relajante. Me metí en la bañera que estaba llena de espuma y cerré los ojos. Mis ojos se llenaron de lágrimas al recordar la primera noche que pasé con Rafael en Paris. Marta se presentó en el baño y me preguntó si no me importaba que se metiera en el jacuzzi conmigo. Al entrar vio las lágrimas que corrían por mi rostro, las secó con sus delicados dedos, acercó su boca a la mía despacio y me besó. Sentí sus cálidos y suaves labios en los míos, salados por las lágrimas. Me dejé querer.

Salimos del jacuzzi empapadas, mojadas, y fuimos a la cama. Nos pusimos de rodillas y Marta empezó a besarme. Mi lengua correspondió a ese juego erótico y sensual, muy sensual, entre dos mujeres. Al mismo tiempo que nuestras lenguas se entrelazaban, sus manos me acariciaban los pechos. La seguí con mis manos, acariciando los suyos también. Quería hacer lo mismo que ella me hacía. Deseaba probarlo todo con una mujer. A pesar de haberme acostado con la italiana muchas veces, nunca había sido activa con ella, solo me dejaba hacer.

Con Marta era diferente, mis manos y mi boca intervenían imitándola. Nuestros pechos se acariciaban, se apretaban unos contra otros, y me excitaba pegarme al suyo mientras nos lamíamos la cara, el cuello, las orejas. Marta era una experta en relaciones lésbicas. En realidad, le gustaba todo.

Su boca, ávida de placer, se acercó a mis pezones. Los lamió e impregnó de su cálida saliva. A veces sustituía la boca por los dedos, pellizcándomelos con suavidad y, de vez en cuando, apretándolos con fuerza, haciéndome chillar de dolor y placer. Mis pezones estaban erectos y muy duros, igual que los suyos cuando me los metí en la boca. Me encantó chuparlos, lamerlos y darles mordiscos para que gritase como yo.

Marta me tumbó en la cama boca arriba y se sentó a horcajadas sobre mí. Me masajeó los pechos con las manos mientras frotaba el sexo en mi vientre. Sentí cómo su vagina me humedecía la piel, estaba tan mojada como yo. Se inclinó, nuestros pechos volvieron a tocarse y su boca, su lengua, disfrutó de la mía. Se echó sobre mí del todo, pegándose por completo a mi cuerpo. Mientras nuestras bocas jugaban, nuestras piernas se entrelazaban. Los pubis se encontraban a la misma altura y la sensación del roce entre ellos me estimuló mucho.

Su lengua se fue deslizando por mi cuerpo, no quedó ni un solo centímetro de piel sin que Marta lo paladeara. Se sentó en la cama entre mis piernas y pegó su sexo a mi sexo. Era una sensación extraña, rara, podía sentir sus labios junto a los míos, resbalando con nuestros fluidos vaginales. Me levantó una pierna y la lamió entera. A la vez que la lengua bañaba mi muslo con saliva, sus dedos invadieron mi sexo. Hummm… sus largos y finos dedos penetraban mi vagina mientras con el pulgar me presionaba el botón mágico. Se puso de rodillas en la cama para contemplar su juguete. Yo me estremecía de placer mientras ella se alejaba de mi cuerpo para sustituir los dedos por la boca.

—Ohhh…Marta. ¡Cómo me gusta! Sigue, por favor.

Ella no tenía ninguna intención de parar, era casi insaciable.

Cambiamos de posición, esta vez yo me puse encima de ella. La besé de forma apasionada. Le chupé los turgentes pechos de silicona y me recreé en sus pezones color rosa. Mi pelvis, pegada a la suya, empezó a moverse instintivamente, frotándose con su sexo caliente y húmedo.

No durábamos mucho en ninguna postura, Marta era muy activa. Me puso a cuatro patas y me comió el sexo por detrás. No permitió que el ano envidiara a mi coño, y le dio también largos y mojados lametazos, agarrándome el culo con las manos. Volvió a cambiarme poniéndome boca arriba. Empezó a restregar la vulva en el hueso de mi cadera mientras la pierna derecha frotaba la mía.

Estaba al borde del orgasmo cuando ella volvió a deleitarme con el Sr. Cunnilingus. Me corrí en su boca una y otra vez, era interminable. Me fui al cielo con una rubia de escándalo.

Agradecida una vez más, quise darle lo mismo que ella a mí. Nos pusimos de lado sobre el colchón, pero invertidas. Era la primera vez que hacía el famoso 69 con una mujer. Nuestras cabezas se apoyaron en las entrepiernas y las lenguas empezaron a jugar al mismo tiempo. También era la primera vez que le comía el coño a una mujer. Estaba muy mojado. Tímidamente metí la lengua y jugué con el clítoris, el cuerpo de Marta respondió con un espasmo eléctrico que sentí en la lengua. Lo lamí entero para saborear bien sus genitales, tenían un gusto ligeramente salado, mezclado con el aroma del gel de baño. Me agradó y me entregué a esta práctica oral que tanto me ha gustado siempre, hasta que mi compañera de cama y amiga llegó al orgasmo.

Nos abrazamos, nos besamos, e hicimos una larga y reconstituyente siesta.

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Un diálogo muy corto http://bit.ly/1faBhzw


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Pues… Caramba! He presenciado situaciones como esta, pocas cosas más sensuales he probado en la vida!

  2. Pues eres muy afortunado Patricio porque es el sueño de muchos hombres y no todos logran realizarlo.

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