Los Hombres de

                   Rita Rico

12  12 2013

Relato erótico de Rita Rico

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¿Te pone mis braguitas?

Como amo la libertad. Desde que Rafael me liberó de los compromisos sociales y empecé a recorrer el mundo con mi querida amiga Marta, soy más feliz. El encuentro con el francés en el vuelo hacia Buenos Aires, fue solo el principio. El principio de una larga carrera del disfrute sexual con muchas nacionalidades y con casi todas las razas. Estaba más desatada que nunca. Quería recuperar mi poder de femme fatale y dar rienda suelta a la imaginación y sobre todo a la improvisación. Pero cuando sales a la calle, a una muy transitada, te encuentras de todo.

Decidí renovar mi cajón de lencerías y me fui a una céntrica tienda de Madrid. Compré todos los modelos que me gustaron tipo tanga, culotte, bikini, normal, con su correspondiente sujetador. También compré conjuntos de braguitas con camisetas de tirantes a juego. La tienda estaba abarrotada de mujeres con excepción de un hombre. Él estaba solo y parecía que le interesaba mucho el tipo de prenda que allí se exponía. La tocaba con mucha delicadeza, la miraba por delante, por detrás. Disfrutaba de cada una de ellas. Me acerqué y le ofrecí ayuda como una dependiente. El Sr. X no estaba nada mal. Tendría unos 40 años, moreno, abundante cabellera con unas cuantas canas que le daba un aire muy interesante. Él me preguntó cuál de los modelos le recomendaría para una mujer de mi estilo. Escogí un conjunto de tanga color verde claro con un estampado de diminutas flores y encaje de un tono más oscuro en los bordes. Le dije que su pareja estaría muy sexy con esta prenda. Me sonrió y fue a la caja a pagar su compra. Después de efectuar el pago, me invitó a un vino para cuando terminara mi jornada. Le dije que era la dueña de la tienda y que podíamos vernos en un rato.

Quedé con él en la cafetería de un hotel cercano a la tienda. No conocía a nadie por allí y el sitio podría ser ideal para mis malas intenciones. Pero mi Sr. X me sorprendió sacando un regalo de la bolsa de la tienda. Era el tanga que había escogido. Me dijo que le encantaría verme con él. Mi entrepierna se humedeció al pensar en la larga tarde que pasaríamos juntos. Adoro ir de compras sola, pensé después del delicado beso que me dio. Mi lado perverso se desató pensando que iba a devorar a ese osito tierno y solitario. Hummmm….

Subimos a la habitación y mi Sr. X me volvió a besar con suavidad y dulzura. Rápidamente entré en acción y le quise tocar el paquete y no me dejó. Me pidió que me pusiera el conjunto que me había regalado y que volviese a ponerme la ropa que llevaba porque él quería ir descubriéndome poco a poco. Le obedecí un poco mosqueada por el corte que me dio pero no sabía decir no cuando mi vagina decidía por mí.

En la cama, él me iba desnudando poco a poco.  Me besaba y me desabrochaba la blusa. Cuando el encaje del sujetador se asomó, él suspiró. Me lo acarició y besó mis pechos sin quitarme la prenda. Los masajeaba con las dos manos y los besaba. Besaba el sujetador y lo acariciaba como si de un tesoro se tratara. Abandonó mis pechos, mas bien el sujetador y siguió camino hacia mi falda. La desabrochó y la sacó lentamente para descubrir el tanga que poco a poco hacia su aparición estelar. Un exagerado gemido salió de su boca. Yo estaba intrigada con tanta contemplación. Pero mi curiosidad y deseo me impedía detener la extraña situación.

Mi Sr. X logró que me excitase al frotar sus delicados dedos en mi pubis. Se alegró al sentir que mi tanga estaba empapado. Acercó su nariz y lo olió, lamió y mordió hasta ponerme a mil. Me agarré de sus cabellos y le invité a que me desnudara. Me dio la vuelta y siguió su recorrido con la lengua por la parte de atrás. Mordía y chupaba la prenda emitiendo un sonido gutural, como un animal cuando come con ansiedad. Me incorporé y le quité el pantalón y la ropa interior. Tenía un buen tamaño, suficiente para pasar un largo rato, pero mi improvisado amante tenía un objetivo y no era precisamente mi vagina.

Volvió a echarme en la cama y metió el tanga entre los labios y me deleitó con un excitante cunnilingus. Su lengua me invadía junto con la tela. Me mordía el clítoris y frotaba la minúscula prenda en mi vulva. Le abracé con mis piernas obligándole a echarse sobre mí. Su pene rozó la entrada de mi sexo y con la ayuda de su mano se frotaba en mi vagina. Le pedí que me penetrase y entonces cogió de la goma del tanga y lentamente me lo quitó. Abrí de piernas esperando a que me asaltara con su dura arma y para mi asombro metió sus dedos junto con el tanga. Lo metió en lo más profundo de mi ser. Lo empapó bien en mi lubricación y lo retiró. Lo abrazó con sus manos y lo mimaba como si fuera un animalito recién nacido. Lo contempló un rato, lo olió y lo frotó en su cara. Lo olía y se frotaba el pene con él. De repente me volví invisible. Ya no existía para él. Me quedé mirando como él disfrutaba de mi diminuta prenda y se masturbaba con ella hasta alcanzar el orgasmo.

Se corrió en el tanga y yo salí corriendo a medio vestir de la habitación.

Me mezclé con el gentío por las calles de Madrid sin bragas, teniendo una bolsa llena de conjuntos que había comprado en la tienda. Ironías de la vida.

Desde este día nunca más ligué con un tío en una tienda de lencería.

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Sexo en el bar http://bit.ly/1bNgsaP


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Una vez conocí a uno que le gustaba regalarme ropa interior. Ahora sospecho el motivo.Creo que era fetichista y pensé que no le gustaba mis bragas…

  2. Querida Paloma!! Puede que él fuera fetichista, pero también cabe la posibilidad de que tu ropa interior no fuera nada sexy. Piensatelo. Hay modelos muy sexys para todos los gustos en las muchas tiendas dedicadas a esta prenda que nos embellece por debajo de la ropa. A mi me encanta la lencería que resalta los pechos y te sube el pompis…

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