Los Hombres de

                   Rita Rico

14  11 2013

Relato erótico de Rita Rico

culo,culo grande, mujer madura, maduras, culona, tetas, tetonaHomenaje a Marlon Brando

Con Rafael todo era excitante, diferente. Jamás me aburría con él. En los años de matrimonio probé de todo. No había ningún orificio de mi cuerpo que Rafael no hubiese probado, entrado, penetrado. Nuestros viajes siempre estuvieron marcados con alguna práctica inusual o alguna experiencia excitante como la del cine en Sidney.

Recuerdo nuestra luna de miel en Tanzania, concretamente en el Serengueti. Una mañana mi marido se despertó con más hambre de lo habitual. Nos pusimos a desayunar lo típico de todos los hoteles: fruta local, distintos zumos, bollería y panes recién hechos, mermelada de varios sabores, mantequilla, toda clase de quesos, embutidos variados, huevos revueltos y poco más. No comíamos grandes cantidades, pero mi querido marido aquel día se levantó con mucho apetito. El ingrediente más consumido fue la mantequilla.

Estaba untando mantequilla en un croissant cuando, al entrar en contacto con el bollo, que estaba muy caliente, se derritió y unas gotas cayeron en mi pierna desnuda. Rafa, al verme limpiar la mantequilla de mi piel, me preguntó si había visto El último tango en París, la famosa película de Bertolucci con Marlon Brando y María Schneider. Le dije que me sonaba pero que no había tenido la oportunidad de verla.

—Ven conmigo, vamos a hacerles un pequeño homenaje —cogió el tarro de mantequilla, me tiró de la mano y nos fuimos a la habitación, a la enorme cama King size de la suite presidencial.

Nos desnudamos y Rafa me pidió que le hiciera una mamada. Yo estaba muy intrigada con la mantequilla que él había depositado en la mesilla de noche. Poco después hizo uso de ella y se aclararon todas mis dudas.

Me senté en el borde de la cama, le cogí el pene que ya estaba erecto y empecé a lamerlo de arriba abajo hasta los huevos. Me los introduje en la boca chupándolos suavemente, como a él le gustaba. Los abandoné y con la lengua subí hasta el glande para jugar con su orificio. Unas gotitas de lubricación salieron y mi lengua golosa las recogió. Volví a abrir la boca e introduje el miembro otra vez. Lo bañaba en mi saliva.

—Rita, quiero que te lo metas entero hasta la garganta. Abre bien la boca y deja que yo lo meta.

Obedecí.

Muy despacio lo introdujo en lo más profundo de mi garganta, provocándome una arcada.

—Abre más la boca —ordenó.

Poco a poco lo iba metiendo cada vez más adentro, las arcadas fueron disminuyendo. Me gustaba sentir que su pene entraba más y más en mi boca.

—Buena chica. Ponte boca abajo en la cama y ábrete de piernas.

Me puse boca abajo y abrí las piernas todo lo que pude. Rafael destapó el tarro de mantequilla y se impregnó los dedos con ella.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunté, aunque ya me temía la respuesta.

—La usaremos a modo de lubricante. No quiero que este culito tan apetecible pase hambre. Levántalo un poco.

Hipnotizada una vez más, levanté el culo para que me lo untara bien. Sentí cómo la mantequilla me humedecía el ano. Rafael se recreaba y metía el dedo índice en mi orificio virgen y muy tenso.

—Relájalo, Rita. Por aquí va a entrar algo mucho más grande y gordo que mi dedo —metió el dedo entero y lo movió despacio. Sentí un pequeño dolor que me hizo contraer el esfínter, pero me gustó la sensación extraña de que entrara algo en un orificio cuya función natural es la de expulsar. Era raro y placentero a la vez. Rafael sabía cómo preparar el terreno. Movió el dedo varias veces más hasta que sintió que me iba relajando.

—Así me gusta, Rita. Disfruta.

Se tumbó encima de mí presionándome contra el colchón. Empapó los dedos en la vagina, lo mezcló con la mantequilla y volvió a untar el ano. Poco a poco fue introduciendo su verga, que estaba más dura que nunca, o al menos eso me pareció a causa de la estrechez de la entrada.

—Ahhh… —chillé cuando la cabeza estuvo entera dentro del ano. Era un dolor agudo. Me concentré en relajar los músculos e intenté disfrutar.

Rafael no estaba por la labor de dejar a medias lo ya empezado. Comenzó a decirme palabras que me excitaban y me distraían del dolor.

—¿Te gusta, Rita? Está entera dentro.

—Síííí… —suspiré.

—Te estoy follando por el culo, por este culito tan rico. Ahora ya eres toda mía. Tócate, quiero que te corras conmigo en tu culo y terminaré aquí dentro.

Con la mano busqué mi sexo que, como siempre, estaba muy mojado. Me llené los dedos de mi propio lubricante y empecé a acariciarme el clítoris. El torrente eléctrico que sentí pasó de la vagina al ano, con Rafa dentro. Mi sexo estaba vacío mientras otra parte de mi cuerpo estaba llena. Era excitante, diferente. Rafael empezó a moverse más, pero de forma distinta, con movimientos suaves y largos.

—Hummm… Rita, qué apretado está. Me encanta, estoy a punto de correrme.

Al oírlo me excité aún más y me metí los dedos lo más profundo que pude. Otra corriente eléctrica se descargó en mis entrañas y gemí. Rafael se animó con mi gemido y, jadeando como una fiera en celo, empezó a moverse más rápido. El dolor que me provocaban sus movimientos se convirtió en gozo. Saqué los dedos de mi sexo para deleitarme con un orgasmo anal, una novedad para mí.

Enloquecida, levanté el culo para que mi marido y amante sodomizador pudiera clavarme toda su estaca. Una y otra vez. Una y otra vez. Yo mordía la almohada y chillaba por el pequeño dolor que me producía la penetración anal, pero ese mismo pequeño dolor me excitaba tanto que los dos gritamos, mezclando nuestros berridos con los de la fauna salvaje, hasta explotar en mil pedazos, llenando toda la habitación de éxtasis y placer.

Así fue mi estreno. Y estuvo en cartel muchos, muchísimos años.

Si te ha gustado este relato, quizas te guste también mi experiencia en un bar.

Sexo en el bar http://bit.ly/1bNgsaP


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Caray! Qué de recuerdos me traes!

  2. Ohhhh!!!!Esos momentos son inolvidables…

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