Los Hombres de

                   Rita Rico

24  10 2013

Relato erótico de Rita Rico

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Me encantó el regalo que Rafael me hizo en Barcelona. Fue muy excitante el masaje de la exótica Li Ming con final feliz. Pero confieso que me quedé muy preocupada por el hecho de que mi querido marido estuviese detrás del biombo todo el tiempo. Me dijo que todo era un juego y que había que disfrutar sin pensar en nada más, únicamente en el placer del momento. Le  hacía muy feliz verme gozar y eso era lo único que le importaba.

Una vez más sus palabras me convencieron y seguí con mi pervertida vida con él. Era demasiado tarde, estaba enganchada al sexo, enganchada a él.

No me gustaba pasar mucho tiempo a solas en casa, él viajaba constantemente. Cuando él iba a algún país que yo no conocía, me apuntaba al viaje. Nos fuimos a Sidney, Australia.

No teníamos mucho tiempo para recorrer la ciudad. Estuvimos solamente tres días y como siempre tuve que visitar varios lugares a solas. Estuve en el centro histórico The Rocks, en el museo Australiano y el lugar que más me gustó fue el santuario para koalas. Rafael y otros directivos de la compañía fueron invitados al Opera House que abría la temporada con La Boheme de Puccini. Rafael me enseñó a amar este género de la música teatral y siempre que había alguna en la cartelera de Madrid, no perdíamos la ocasión de disfrutar de este espectáculo.

Nos despedimos de sus colegas y nos fuimos al cine a ver una película porno. A mí nunca me excitó ver en una pantalla, grande o pequeña, personas practicando sexo. Siempre me gustó más hacerlo que verlo, pero según Rafa esta película me iba a encantar.

Nos sentamos en la última fila y la sala estaba llena de espectadores masculinos. No recuerdo ver a ninguna mujer entre el público. La película no era diferente a las demás de este género generalmente dirigido por hombres para hombres. Pero al lado de Rafa una nunca se aburre.

Estábamos en el centro de la fila de butacas, lejos del escenario y a nuestro lado no había nadie. Todos estaban sentados, esparcidos por la sala, pero más adelante. Eso nos daba la libertad para hacer lo que nos apeteciera. Rafael, cuando la película iba por la mitad, me metió mano por debajo de la blusa y me pellizcó el pezón. Mi piel se erizó y le correspondí metiéndole mano en su entrepierna. Su erección me prometía una larga noche, la última en Sidney. Estaba reventando su fino pantalón. Quise bajar la cremallera pero él me lo impidió. Su boca buscó a la mía y nuestras lenguas se encontraron y jugaron a liarse, a enredarse una en la otra. Su mano seguía en mi pecho torturándome con sus dedos. Iba de un pecho al otro. Bajó besándome el cuello hasta alcanzar mis pechos. Rafael no resistió la tentación de meter mis erectos pezones en su boca y chuparlos humedeciéndolos con su cálida saliva. Cerré los ojos y me olvidé de donde estaba. De pronto el gentío se alborotó. Rafael ni se inmutó y me quitó las bragas. Me contagió la excitación de todas las testosteronas de los allí presentes. Encima del escenario, con la película aún de fondo, aparecieron varias chicas en lencería como salidas de la pantalla, de la película. Casi todas, unas diez, estaban bien hechas, con las curvas bien marcadas y con generosos pechos. Se besaban, se sobaban  unas a las otras y se despojaron entre ellas de los sujetadores. Al terminar la película la sala se quedó a oscuras y poco a poco se fue iluminando con una pobre luz roja. Las stripers bajaron del escenario y se mezclaron con el alborotado y cachondo público. Unas se tiraban sobre los hombres y otras directamente se sentaban en ellos. Una de ellas, la más guapa para mi gusto, una pelirroja voluptuosa con mirada lasciva, se nos acercó y frotó el culo en el paquete de mi marido. Rafa le agarró las tetas por detrás y las estrujó. La chica me miraba de arriba abajo  y con un gesto provocador me cogió la mano y la puso sobre su teta. Mi cuerpo todo se tensó al tener su redondo y duro pecho en mi mano. Le acaricié y le di un suave pellizco. Su pezón se irguió y ella suspiró. Mientras le tocaba su turgente pecho su mano atrevida invadió mi sexo. Mojó sus dedos y se los llevó a la boca. Ya me había preparado Rafa y mi lubricación era abundante. Volvió a meterme mano y disfrutó otra vez con mi fluido. Abandonó mi sexo y se levantó. Acercó sus tetas a la boca de Rafa que no dudó en darle un buen festín con su lengua viciosa. La pelirroja se retiró y mi marido puso un billete de cien dólares en la goma de sus bragas. Entonces empezó la fiesta.

Se arrodilló delante de Rafa, le sacó el miembro y empezó a lamerle. Lo hacía como una profesional. Lo lamía, lo chupaba y le masturbaba a la vez. Con la mano izquierda sujetaba el falo y con la derecha buscó mi sexo de nuevo. Pero esta vez me abrí de piernas para que tuviera vía libre para deleitarme con sus habilidosos dedos. Me los metía y sacaba mientras ella hacia lo mismo con el pene en su boca. Qué control, qué esmero, qué delicia sentir cómo ella me penetraba con sus dedos al tiempo que le comía el pene.

Rafa le dio un toque en el hombro y la cosa cambió. Con su mano izquierda siguió masturbando a Rafa y su boca y su lengua alcanzaron mi vagina. Mmmm…su experta lengua me masajeó el clítoris y la descarga eléctrica que me provocó recorrió mis piernas hasta mis pies produciéndome un dulce calambre.

Abrí los ojos y vi que en el patio de butacas había una orgia montada. Grupos de tres y de cuatro personas estaban entregados a la lujuria. Unos comían los pechos de una  mientras otro se la cepillaba por detrás. Una de ellas, en un rincón de la sala, a cuatro patas en la butaca, era invadida por un cliente que al rato daba paso al siguiente, y a otro. Otra de piernas abiertas gozaba con la boca de un espectador mientras otro le comía los pechos.

Mi pelirroja seguía deleitándome con su lengua. Estaba excitadísima con lo que veía y sentía. Mi pelvis empezó a moverse y los dedos de la chica se metieron hasta al fondo de mi cueva. Busqué a Rafael y le besé, le comí la boca. Empecé a jadear y a gemir. Mis gemidos, mi respiración acelerada y profunda hicieron que Rafa en un arrebato me cogiera en brazos, me sentara de espaldas a él y me clavara su espada en una sola estocada. Ahhhh… Estaba al borde de un colapso. Él me subía y bajaba con rabia, llenándome toda hasta mis entrañas. Sentía un agudo dolor. Agudo y placentero dolor. Empecé a chillar. Mis gritos se mezclaban con suspiros, gemidos, jadeos y aullidos de la fauna enloquecida en un orgasmo colectivo.

Rafael se corrió dentro de mí, la pelirroja se corrió con sus dedos y yo con mi hombre mientras presenciaba el alucinante espectáculo desde la última fila.


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Muy tentador!

  2. Jamás olvidé esta pelicula…

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