Los Hombres de

                   Rita Rico

10 2013

Relato erótico de Rita Rico

bragueta pene fueraJuego peligroso

Íbamos a casa con un calentón tremendo después de una aburrida cena con los directivos de la multinacional. Bebimos mucho vino y por supuesto no faltó el gin tonic habitual. Mi querido marido, por el camino, me reclamó la felación que le debía después del placentero castigo que le impuse la última vez. Le esposé y le privé de lo que más le gustaba: una buena mamada. Le boicoteé, pero a mí también porque me encantaba disfrutar de su fluido y de su pene duro en mi boca.

El alcohol consumido me hacía fantasear con la imagen de nuestros cuerpos entregados a la pasión. Sentí una punzada en mi interior. Mi vagina se contrajo al imaginar como mi marido me poseía con fuertes embates sacudiéndome entera. Ardía en deseo. Noté como mi parte más íntima se humedecía con solo pensarlo. No podía negarle nada y  no esperé a llegar a casa para deleitarle con mi especialidad.

Le bajé la cremallera mientras él conducía por las calles de Madrid. Saqué su miembro que estaba erguido y firme como un soldado dispuesto a librar una batalla. Desabroché el cinturón de seguridad y me incliné hasta su preciado recluta.

Dentro del coche había mucha tensión sexual. Podía sentir cómo los testículos de Rafael segregaban testosterona a mansalva.

Empecé abrazándolo con mi mano deslizando mis dedos desde el glande hasta la base. Subía y bajaba muy lentamente. Quedaba un rato en los pliegues sacando y escondiendo su cabeza. Dentro, fuera, dentro fuera. Me incliné más hasta alcanzar sus huevos. Saqué mi ansiosa lengua y los lamí. Impregné bien con mi saliva y me los metí en la boca. Eso le daba mucho gusto. Era de un tamaño perfecto. Perfecto para mi boca que lo tragaba entero.

Con la otra mano seguía acariciando el pene mientras le calentaba con mi boca su parte más sensible. Rafael, al volante, gozaba con mi arte. Abandoné sus bolas y subí con la lengua por el tronco duro, por su piel suave y cálida. Metí la puntita de la lengua en su pequeño orificio que me dio la bienvenida con unas gotas transparentes. Las chupé y mezclé con saliva. Me encantaba su sabor. Sabor salado y dulce a la vez. Era tentador.

Me provocaba lo duro que estaba y, una vez más, lo imaginé dentro de mí. Ese deseo me animó a meterlo, poco a poco, en la boca. Rafa conduciendo con una sola mano, me acariciaba la cabeza y la empujaba para que metiese entero a su desesperado soldado.

No tenía prisa. Quería disfrutar de cada milímetro de él. Lo metía y lo sacaba de mi boca en una lenta agonía para su dueño. Sentir su tensión me impulsaba a chuparlo con fuerza, a meterlo hasta la garganta envolviéndolo con mi inquieta lengua. Lo sacaba de la boca y volvía a recorrerlo de arriba abajo. Rozaba mi rostro con él. Sentí como mis bragas empapadas traspasaban el vestido mojando el asiento del coche. Metí mis dedos y los impregné con mi abundante lubricación y embadurné su miembro con ella. Lo introduje otra vez en mi boca para degustar de la combinación de fluidos. Rafael envidió este placentero momento porque él también deseaba paladear nuestros sabores.

Esta mezcla me volvió loca. Nuestras respiraciones se aceleraron y empecé a chuparle con fuerza, con rabia. Succionaba  su miembro con ansia. Rafael tiraba de mi pelo mientras le comía con vigor.  Paramos en un semáforo y mi marido aprovechó para usar sus dos manos agarrando mi cabeza y marcando el ritmo.

—Así, Rita. Así. Mételo entero.

Rafael gemía. Cuanto más  jadeaba, más le presionaba con mis labios y más rápidos eran mis movimientos.

—Abre más la boca. Métetelo hasta al fondo.

Abrí mi boca todo lo que pude. Cuando él estaba a punto de correrse cogí sus huevos y los estruje.

¡¡¡Bum!!!

Una enorme sacudida sentimos al chocarse un coche por detrás haciéndonos empotrar el nuestro en el de enfrente. Sentí una enorme presión en mi culo y en mi cabeza. Me quedé atrapada entre los airbags y el pene de Rafa.

Lo tenía entero en mi boca con los huevos incluidos.

Los pasajeros de los otros dos coches implicados, salieron ilesos y se acercaron al nuestro al ver que el conductor no se movía. Abrieron la puerta del piloto y preguntaron si Rafael se encontraba bien. No se habían dado cuenta que debajo de las bolsas de aire protectoras había una persona. Rafa les pidió que llamaran a una ambulancia. Me preguntó si estaba bien  pero con la boca llena no le pude contestar.

Los airbags empezaron a desinflarse. Los curiosos transeúntes y los accidentados se quedaron boquiabiertos al verme incrustada a Rafael con su miembro en la boca, que con la misma rapidez que los globos, se desinfló.

En el hospital, después de varias pruebas, me pusieron un collarín por el pequeño esguince cervical que me produjo el choque del vehículo. A Rafa le recetaron una pomada anticoagulante para curar el enorme hematoma que le ocasioné al clavarle los dientes.

Hay que tener mucho cuidado con lo que uno desea.

Rafa quería que me lo metiese hasta al fondo. Y el destino cumplió su deseo.


4 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Caramba! Los planetas no se alinearon esta vez!

  2. No, pero fue muy divertido a pesar de los 15 dias de collarin.

  3. ¿Y no le quitaron puntos del carnet?

  4. Noooo…pero estuvieron a punto de darle puntos en sus partes…

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