Los Hombres de

                   Rita Rico

19  09 2013

Relato erótico de Rita Rico

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Llegaba  tarde. Habíamos quedado Rafa y yo en la puerta del Teatro Real para asistir al preestreno, solo para prensa e invitados, del último trabajo de la compañía de Víctor Ullate. La danza, el ballet, es el arte en movimiento. Me encanta todo tipo de expresión artística, pero sobre todo la corporal. Para mí, ser invitada para ver la obra de este magnífico coreógrafo, fue un honor.

Ver a los bailarines expresándose con sus cuerpos sentimientos y emociones, con el control absoluto de cada musculo, me seduce. Cuando hay escenas donde están solos, dos bailarines sobre el escenario, un hombre con una mujer, o dos hombres, me pone mucho. Verles comunicarse entre sí, sin palabras, únicamente con sus cuerpos, al ritmo de la música o a veces en silencio, es muy excitante. Te entran ganas de despojarte de toda la indumentaria que llevas, soltar el cuerpo y dejar que se exprese libremente.

Los cuerpos de los bailarines, con esas mallas pegadas como una segunda piel, marcando sus músculos prietos y bien definidos, sus culos duros, las aperturas totales de las piernas, resultado de años de ensayos, son un espectáculo para mis aficionados ojos.

Llegué tarde y no pude aparcar el coche en el parking de Opera. Mi móvil no paraba de sonar. Rafa estaría histérico esperando delante del Teatro Real. Me puse más nerviosa con la insistencia de su llamada. No estaba acostumbrada a aparcar el coche en la calle y en las aledañas al teatro, no había ningún hueco para dejar mi coche. Al final, conseguí aparcarlo delante del parque de Pintor Rosales. Le llamé para decirle que en dos minutos llegaba, pero mi querido marido me llamaba para decirme que entrase, que estaba en una importante reunión y que llegaría para el segundo acto.

Odio ir a estos eventos sola. Todos miran extrañados a la butaca vacía que tienes a tu lado. Mi frustración se transformó en ilusión cuando las luces se apagaron y el telón se levantó. Me dejé seducir por la música y por los movimientos sincronizados de los bailarines. Tenía ganas de subirme a las tablas, disfrutar de la magia de la danza y de todo su repertorio.

Esperaba encontrar a Rafa en el intervalo entre actos y no estaba. Al final del espectáculo hubo un coctel donde ahogué mi furia por el plantón de mi marido en las muchas copas de cava que me tomé. Fui al coche desconsolada. Era un día de semana y las calles a esas horas estaban desiertas. Me metí en él con un poco de miedo y encendí mi móvil. No había ninguna llamada perdida. Intenté localizarle y su teléfono estaba apagado. Llamé a casa y tampoco estaba allí. Me mosqueé. Recliné mi asiento del coche y empecé a llorar de rabia, de impotencia. No soportaba que me plantase. Rafa hacía conmigo lo que le daba la gana. Decidí irme a un hotel para darle un susto y que me buscara toda la noche. Empecé a subir mi asiento cuando una pareja pasó por delante de mi coche, muy acalorados. Pararon frente al que estaba aparcado al lado del mío comiéndose los morros. No se percataron de mi presencia.

Ver a los dos cuerpos pegados, besándose de forma pasional, me trajo a la memoria la imagen de las figuras esculturales de los bailarines. Me excité y decidí quedarme un rato para ver otra función. La chica llevaba una falda corta y una camiseta muy ajustada marcando sus generosos senos. La boca del chico no paraba de degustar la fémina en celo. Mientras le comía los morros su mano atrevida entraba debajo de la falda y ella se abría de piernas para facilitarle el encuentro de su vulva. Podía ver y hasta sentir en mis entrañas como él metía sus dedos en el coño de aquella mujer. Sentí envidia. Quitaba sus dedos empapados y se los metía en la boca de ella. La perra disfrutaba de su propio sabor lamiéndole los dedos y metiéndolos en su boca. Mi piel se erizó al ver como los dos disfrutaban sin pudor en plena calle, sobre el capó de un coche.

Volvieron a besarse y la chica le agarró el culo para sentir su paquete en su pelvis. Él se frotaba en ella con ganas. Sentí como mi entrepierna se humedecía y mi vagina me pedía que la acariciara, que jugara con ella. El chico sacó una teta y se la devoró. La apretaba con las dos manos y chupaba el pezón. Mis manos, al verlo, jugaron con mis pechos. Mis pezones se endurecieron y me pedían una boca para relajarles. Cambiaron de sitio. Él se sentó en el coche, ella se inclinó hacia delante, sacó la verga y se la metió en la boca. Un suspiro se escapó de mis labios. Ya no dominaba mi cuerpo. Mis manos solas buscaron por debajo de mi vestido mi sexo, que estaba completamente mojado, esperando algo que pudiera satisfacerle. La chica chupaba y lamia el miembro del chico que estaba a punto de reventar en su boca. Metí mis dedos en mi hambrienta boca lo más profundo que pude y con la otra mano me frotaba el clítoris. No dejaba de mirarles mientras me masturbaba. El chico la puso boca abajo en el capó del coche, subió la falda y le quito las bragas. Tenía un culo guapo, redondo, apetecible. Me froté con más fuerza el clítoris y moví enérgicamente los dedos dentro de mí, cuando vi que su espada se iba envainar en el coño de la chica. Ahhhh….estaba ardiendo de deseo. Quería  ser la chica para recibir su afilada arma dentro de mí.

Estaba a punto de correrme cuando sonó el móvil. Descolgué rápidamente para que los amantes callejeros no lo oyesen e interrumpiesen la función. Era mi marido. No le contesté. Puse el teléfono en el otro asiento y seguí con la diversión visual. La chica, echada sobre el coche, recibía los embates de su amante mientras se estrujaba las tetas. Giró la cabeza hacia mi coche y me pilló viéndoles, como una voyeur. Me agaché un poco más, pero la chica ni se inmutó. Su mirada lasciva me instigaba más y los movimientos de mis dedos eran frenéticos. Gemía, jadeaba. Oía como Rafa gritaba mi nombre en el móvil. De repente el chico desenvaina su espada, la chica se incorpora  y se la mete en la boca. Sentí un dolor agudo, un calambre en mi interior. Chillé en mi mente y cogí el teléfono, lo acerqué a mi boca para que oyese mi respiración acelerada. El chico se corrió en su boca, ella, se lo tragó todo. Solté el móvil y terminé con un breve pero intenso orgasmo.

Los dos se recompusieron, la chica me miró limpiándose la boca con el dorso de la mano, me sonrió y se fueron satisfechos.

Al otro lado del móvil, Rafa desquiciado pensaba que yo estaba con otro hombre sin que él participase del juego. En realidad su cabreo era que yo no tenía su consentimiento.

Me era indiferente como se sintiera. Yo ya había desahogado la rabia, la impotencia, la frustración que suscitó su plantón.

Nada como una buena pajilla para cambiar, transformar las emociones.


8 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Lamentablemente nunca me tocó presenciar algo así, aunque sí a dos mujeres a través de la ventana de mi piso. Muy bueno!

  2. Pues tu experiencia también parace muy excitante. Menudo regalazo te han hecho tus vecinas.

  3. El sexo entra por los ojos como los pasteles de la pastelería y es contagioso como la risa.

  4. Entra por los ojos, por la boca y por todos los lados. Y contagioso es un rato.Mi marido me contagió y estuve muchos años disfrutando de este delicioso contagio.

  5. ¡Que excitante Rita! Jamás presencié a nadie practicando sexo. Me ha gustado tu experiencia.

  6. Si te ha gustado la experiencia, podrias plantearte ver en los locales liberales de tu ciudad. Es muy divertido, pervertido, controvertido y demás idos del diccionario.

  7. Te envidio rita me imagino como estarias en ese momento lo mismo fuese hecho yo

  8. Espero que sea una envidia buena, porque las malas son muy malas.

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