Los Hombres de

                   Rita Rico

25  07 2013

Relato erótico de Rita Rico

Quedé con Rafael. Sucumbí a sus encantos y nos casamos. Él con cincuenta años y yo con veinticinco. Nuestra luna de miel fue de película y nuestra vida sexual fue alucinante. Me enganché al sexo con todas sus formas de practicarlo. En mi noche de bodas mi querido marido me desvirgó el ano, mi orificio tan codiciado y deseado por muchos hombres. Él quería que yo probase de todo. Frecuentábamos salas de intercambio de parejas y montábamos orgias de vez en cuando. En estos locales liberales conocí a Paola y a Luis.

Mi primer trío con un tío

…Se presentó como Paola, italiana y lesbiana. Le gustaban los tríos, pero al hombre ella no lo tocaba. Me contó que le encantaba ver a un tío follarse a otra tía y que ella participaba, complementando el juego, dando placer de su parte solo a la mujer.

Paola fue compañera de nuestros juegos en varias ocasiones; la invitábamos a casa a cenar y a divertirse. Para mí era perfecto, porque Rafael no la tocaba para nada. No habría soportado verlo con otra. Confieso que soy muy egoísta y no me gusta compartir. Pero que hubiese otra boca y más manos para mí me encantaba. Y Rafael gozaba viendo cómo Paola me excitaba, para luego penetrarme él. La verdad es que el cunnilingus que me hacía Paola era mejor que el de Rafa. Ella me ponía a punto y él remataba la faena. Estuvimos así más de un año hasta que un día él me propuso un trío con otro hombre.

—Vamos a una sala y escoges al que te apetezca.

—Pero ¿podrás aguantar verme con otro? Paola es perfecta porque tú no puedes hacer nada con ella. ¿Es que ya no me quieres?

—Claro que te quiero, por eso te propongo un trío con otro. Quiero que sientas el máximo placer al estar con dos hombres a la vez. Es lo mismo que cuando jugamos con el consolador, pero con un pene de verdad. Él llegará solo hasta donde tú quieras. Y lo que decidas me gustará, porque sé que lo deseas y lo único que quiero es complacerte, Rita. Me encanta ver cómo disfrutas desde nuevas perspectivas. Me vuelve loco.

—Bueno, podemos intentarlo, pero si no me gusta ninguno, pasamos del tema, ¿vale?

—Vale, gatita. Tú decides.

Fuimos a otro local liberal de Madrid. La decoración cambiaba, pero la historia era la misma: muchas salas con diferentes rollos eróticos. Nos sentamos en una barra donde había parejas y gente sola. Enseguida, los solitarios del local, chicos y chicas, se nos acercaron y nos propusieron tríos. No me gustaba ninguno, rechacé a todos los que se presentaron. Estábamos terminando nuestras copas cuando entró en la sala un hombre que se parecía mucho a mi ex, Ulises, mi héroe, el que me había rescatado de las garras de Pablo y el que me había desvirgado tan dulcemente. Mi corazón se disparó, por un momento pensé que era él. Habían pasado unos diez años. Aquel parecido me trajo buenos recuerdos de cama, una nunca olvida el primer polvo. Le dije a Rafa que me gustaba el chico moreno que acababa de entrar, pero no le dije el porqué.

Le invitamos a una copa y nos presentamos. Su nombre era Luis y tenía mi edad. Treinta y dos años. Le dejó muy claro a mi marido que no le importaba practicar de todo, excepto que le sodomizaran, vamos, que no quería que le diesen por culo. Rafael le tranquilizó diciendo que solo buscaba el deleite de su esposa. En ese momento, Rafa marcó el territorio como cualquier animal, advirtiéndole que me podía tocar, pero que yo era suya.

Nos fuimos a casa los tres. Decidimos que no llevaríamos aquella perversión a nuestro dormitorio, así que nos metimos en la casa de invitados. La decoración estaba igual que cuando vivía Alfredo. Esa noche me emborraché para llevar mejor tantos recuerdos. Luis se parecía mucho a Ulises y, para colmo, íbamos a follar donde tantas veces lo había hecho con el hijo de mi marido.

Rafael nos preparó su especialidad: gin-tonic. Puse música de fondo, para relajarnos, y brindamos por nuestro encuentro. Rafael me cogió de la cintura y nos pusimos a bailar al son de Diana Krall, que cantaba S’Wonderful.

Empezamos a besarnos mientras bailábamos y Luis rápidamente entró en el juego. Me apartó la melena y me mordisqueó el cuello. La lengua de Rafa jugaba con la mía, entrelazándolas, metiéndolas y sacándolas de nuestras bocas; Luis seguía el recorrido por mi cuello, por mis orejas, mientras sus manos, al mismo tiempo, me acariciaban los hombros, la espalda, hasta llegar al culo. Era una sensación muy agradable, sentir cómo dos bocas, una por delante y otra por detrás, me besaban. Luis se apretó contra mi cuerpo y pude sentir su erección, un escalofrío me subió por la columna, erizándome la piel. Rafael se separó de mí, dejando paso para que mi nuevo amante jugase también con mi lengua, y puso distancia para contemplar la escena. Luis besaba muy bien, su lengua estaba tan entrenada como las nuestras, o mejor. Mientras nuestras bocas jugaban frenéticamente, su mano, ansiosa por explorar mi cuerpo, fue al encuentro de los pechos, metió la mano debajo del vestido y me tocó un pezón, que en el acto se irguió, dándole la bienvenida. Rafael, al ver su avance, se sumó al juego otra vez, me levantó el vestido y buscó mi sexo. Introdujo la mano en las bragas y me acarició el clítoris. Gemí. Bajé la mano derecha y palpé la entrepierna de Luis, el paquete era muy grande y deseaba saber qué contenía. Le bajé la cremallera y metí la mano por dentro del slip. Ohhh… era enorme y estaba dura como una roca. Luis me destapó un pecho y, acto seguido, lo chupó, lamió y mordió. Gemí otra vez. Rafael, al oír mi jadeo, introdujo sus dedos en mi sexo mientras presionaba el clítoris con el pulgar. Estaba a punto de tener un colapso, un orgasmo de los que me gustan. Tenía en la mano un gran falo y quería cambiar mi mano por mi sexo.

Luis deslizó el otro tirante, dejando las dos tetas descubiertas. Rafael me bajó la cremallera del vestido, que resbaló por mi cuerpo, por mis piernas. Me quedé solo con las bragas mientras mis dos amantes aún estaban completamente vestidos. Rafael me cogió de la mano y nos fuimos a la habitación. Luis nos siguió; por el camino, se había quitado la camisa, y llegó a la habitación con el pantalón desabrochado y el torso descubierto. Me senté en la cama y le cogí el culo a Luis, miré a Rafael pidiéndole permiso, le bajé el pantalón y destapé su grande, grandísima, herramienta. Por lo menos mediría veintidós centímetros. Era impresionante. Mi detector de pollas grandes no me fallaba nunca, o casi nunca.

Podría haberme corrido solo con la imaginación, pero quería probar tamaño instrumento dentro de mí. Primero deseaba metérmela en la boca, completa, pero por mucho que la abría para introducirla entera hasta la garganta, era imposible. Cuando la tenía por la mitad, notaba cómo su glande me tocaba la campanilla, provocándome arcadas. Rafa, mientras yo chupaba el pene de nuestro nuevo compañero de juegos, permanecía sentado en una butaca, enfrente de la cama, desnudo, masturbándose. Le gustaba mucho verme, le encantaba que el tercero en cuestión preparase el terreno para terminar él con el trabajo. Pero yo no me iba a quedar sin catar semejante monumento.

Me eché sobre la cama boca arriba y Rafael se unió a nosotros comiéndome el coño. Jamás le vi tan entregado a un cunnilingus como aquella noche. Estaba tan excitada que empecé a jadear y a chillar de placer, Luis me cerró la boca metiéndome la verga. La chupaba, la lamía y la impregnaba con saliva mientras mi marido seguía succionándome todo el jugo vaginal. Continué deleitándome con el arma de Luis en la boca hasta que Rafael me levantó el culo en el aire, me abrió las piernas y, sin contemplación ni piedad, me clavó su estaca entera, sujetándome por los tobillos y embistiéndome como un loco, poseído por la rabia. Empecé a chillar y a correrme como nunca había hecho. Mientras me corría con mi marido dentro, Luis vistió a su gran miembro con un condón y, en mitad de mi orgasmo, sustituyó a Rafael. Entré en un clímax sin fin cuando sentí que me penetraba hasta el fondo, provocándome un agudo dolor en las entrañas. Estábamos los tres poseídos por el éxtasis natural que proporciona el sexo. Aquella energía alucinante se podía palpar en el aire. Tres cuerpos entregados a la lujuria, al delirio carnal, al vicio sexual.

Yo seguía con mi multiorgasmo cuando Rafael metió el miembro en la boca de Luis. Al ver con qué fuerza se la chupaba a Rafa, exploté, gritando como si me estuvieran matando. Exploté, Luis explotó en mi interior y Rafa derramó todo su semen en la boca de Luis. Fue increíble, nos corrimos los tres a la vez.

Lo que más me gustó de aquella primera vez que hice un trío con otro hombre fue sentir el cambio de miembro en mi interior; aunque confieso que ver a Luis comiéndole el pene a Rafa también me excitó mucho, muchísimo…continuará


6 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. si te sientas un rato encima de tu mano, un rato sólo sin pasarse, se te quedará dormida y al ponerla sobre tu sexo te parecerá que te toca otra mano porque no tendrás sensibildad en la mano hasta no recuperar la circulación sanguínea…no lo hagas más que una vez al día…

    La gente cuando se inicia en tríos enpieza a oscuras, la chica se sienta en una silla y uno va por delante y otro por detrás, más que m´sica se ponen sándalos e inciesos, porque el olor es muy fuerte, se entiende que el que va por detrás no la sodomiza, sólo va por dertás…el problema es la química, la mujere se excita demasiado, el juego es para ella…los hombres son los que lo pasan peor…alguno no…

    Pero cada uno cuenta la feria según le va y lo que vale para mi,no vale para ti. La tolerancia es importante.

    FELICES VACACIONES

  2. Nunca es tarde para aprender algo nuevo. Por supuesto que esos dos hombres estaban para mi deleite total pero ellos también lo pasaron muy bien. lo del trío a oscuras y con inciensos me parece un tanto mistico. Aqui el polvo era absolutamente fisico, terrenal. Ya sabes, para gustos hay colores. Un saludo

  3. El sueño de “casi” todos los hombres es hacerlo con dos mujeres. Que ellas jueguen y que el macho, cuando lo estime necesario, ponga la nata encima.
    ¡Si fuese mujer, sería lesbiana!
    ¡¡Dale candela Rita!!

  4. Entonces lo que te gusta realmente es ver a dos tias dandose el lote y no participar activamente con ellas, solo al final. Para mi el trio con dos tios es maravilloso porque todos jugamos al mismo tiempo y si ellos no son bi, como fue el caso, todo es para mi.

  5. El trío, pese a ser un clásico, me parece descompensado. Creo que es mejor el cuarteto, y de ahí para arriba. Dicen que el grupo ideal para cualquier asociación humana es el de doce. Pues eso, doce debe ser la leche.

  6. Sí es un clasico que aún hay muchos que no lo han probado. Es mejor empezar con pocos para llegar a esa orgía que mencionas con doce personas. De todos modos también lo probé. En el libro lo cuento todo, todo y todo.

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