Los Hombres de

                   Rita Rico

18  07 2013

Relato erótico de Rita Rico

Voulez-vou cucher avec moi?

No podía olvidar a Rafael. El recuerdo de sus increíbles ojos azules no dejaba que mis pensamientos fueran libres sin evocar su mirada penetrante, sus seductoras palabras y su irresistible madurez sensual. Al final le llamé pero no le encontré. Estaba de viaje de negocios. Pensé que era lo mejor que me podía pasar. Era absurda la idea de que él realmente estuviese interesado en mi. Una chica veinticinco años más joven que él. Acababa de terminar la carrera y tenía todo un mundo aún por descubrir. Él, un hombre muy ocupado y de altos vuelos. Presidente de una multinacional norteamericana. Intenté olvidarle distrayéndome con otros hombres pero no pude. Su secretaria le contó que le había llamado y él no cesó de llamarme hasta que por fin me localizó. Quedamos a la vuelta de mi viaje a un pequeño pueblo de Francia. Niort.

Una amiga mía participaba del festival de Artistas jóvenes Europeos que se celebraba todos los años en esta pequeña localidad francesa. Se reunían allí artistas de todas las modalidades de nueve países. España participaba con más de cincuenta artistas del mundo del teatro, músicos, fotógrafos, vídeo, pintores, etc. Como yo era muy aficionada  a la fotografía me ofrecí al  Sr. X, delegado de cultura por parte de España, cubrir el evento de forma gratuita corriendo yo misma con los gastos del material fotográfico. No hubo ningún problema y me fui con ellos.

El pueblo era una monada. La plaza de Ayuntamiento parecía sacada de un cuento de hadas. El edificio del consistorio por la noche con su exquisita iluminación recordaba una gigantesca tarta de cumpleaños. Tenía un gran parque poblado de árboles y arbustos elegantemente podados y al final de este majestuoso jardín estaba la piscina municipal. Era verano y los participantes del festival tenían acceso libre para bañarse.

Como yo era una invitada, no participante, me tocó hospedarme en casa de una pareja encantadora que vivía en un precioso y espacioso chalet. El marido era concejal del ayuntamiento. Los participantes dormían en albergues y hostales del pueblo.

Mi cámara y yo recorrimos todo el pueblo buscando instantáneas de los participantes expresando su arte. Yo estaba encantada de ver tantos hombres de todas partes. Rubios, morenos, más morenos, pelirrojos. Se oían varios idiomas y yo no hablaba ninguno. Pero dominaba lenguas, muchas lenguas y prácticas internacionales como el francés. Por aquel entonces no había descubierto el griego, ni el ruso y otras prácticas sexuales que conocí después, mucho después.

Conocí a muchos pero el que realmente me interesaba era el Sr. X de la delegación española.

Una noche de fiesta, de las muchas que hubo, nos fuimos unos cuantos a la piscina municipal para aliviarnos del calor. La piscina a esas horas estaba cerrada. A uno se le ocurrió saltar una valla y colarse. Nosotros con el pedo que llevábamos no dudamos en seguirle. La luna estaba llena e iluminaba el recinto con su luz plateada reflejándose en el agua. Los chicos se desnudaron y se tiraron al agua. Me quité la falda, la blusa y el sujetador y me tiré con mis bragas. Mi Sr. X se desnudó totalmente y se tiró al agua detrás de mí. Al verle desnudo me percaté, una vez más, que mi olfato para grandes penes no me fallaba.

En el agua, en una parte donde la luz de la luna no llegaba por la sombra de los árboles,  nos pusimos a besarnos. Su lengua era cálida, húmeda y muy viciosa. Me lamía los labios, el cuello, las orejas.  Él me tiraba del pelo para tener  fácil acceso a mi cuello. Lo mordía con rabia, con prisas y deseo incontrolado. Por la parte de abajo ya sentía en mi vientre la presión de su gran erección. Ordenó que me quitara las bragas y obedecí como una perra a su dueño. Subí un poco para dejar mis bragas en el bordillo y él aprovechó para chupar mis tetas, lamerlas y tragarlas enteras. Estaba desbocado, quizás por el exceso de alcohol o por el choque del agua tan fría de la piscina. Chupaba, mordía, lamia y gemía. Su mano buscó mi entrepierna y agarró mi sexo sin piedad. Sus dedos rápidamente se introdujeron en el moviéndose sin cesar. Me dolía por la escasez de lubricación al estar mis labios permanentemente bajo el agua.

Liberó mi cueva de sus dedos e intentó penetrarme. Rodeé su cuerpo con mis piernas para facilitar la entrada del gran falo del Sr. X. Jugaba con la cabeza en la entrada de mi sexo frotándolo contra mi clítoris. Chillaba de placer y de impaciencia para recibir tamaño monumento. Agarrada a mi amante le alentaba con palabras al oído, con mordiscos en su cuello. Mi lengua desesperada buscaba a la suya.

Al ver que era imposible la penetración decidimos salir de la piscina y dirigirnos al parque. Me puse la falda y la blusa sin nada por debajo. Él no pudo ponerse los vaqueros porque unos graciosos habían tirado su pantalón al agua. Y medio en pelotas nos fuimos a buscar un sitio para culminar nuestra excitante tarea sexual.

En el primer banco que vimos del parque, nos pusimos a la obra otra vez. Se sentó en el banco y entre la apertura de su camisa salió su gran miembro expectante con su cabeza rosada y brillante. No resistí en metérmelo en la boca y chuparle con fuerza para sacar de él su jugo que humedecería mis partes. Hummm… Qué placer sentir su parte más delicada y valorada por él, en mi boca. Le lamía de arriba abajo. Penetraba su preciado instrumento hasta la garganta. Él a su vez me tocaba el clítoris llevándome al delirio carnal.

Agarró mi cabeza, me besó la boca y me ordenó que me sentara en él. Ahhhh…Entró entero, le tragué hasta la base. Le tenía dentro de mí. No podía creer que cupiera tanto trozo de carne, duro, muy duro y suave a la vez. Empecé lentamente a moverme empujándome con las rodillas apoyadas en el banco. De cuando en cuando aparecía gente que nos miraban y pasaban de largo sin decir nada. Escondía mi cara bajo mi larga melena negra para que no me reconociera nadie. El público siempre me excitó mucho. Me gustaba ser envidiada o criticada por los enmudecidos y boquiabiertos transeúntes.

Mi amante estaba al borde del abismo igual que yo. Me levantó por la cadera obligándome a abandonarle. Me echó boca arriba en el banco, puso una pierna mía en el respaldo y así completamente abierta volvió a penetrarme con una fuerte embestida. Se movía rápido y con fuerza. Su cabeza llegaba hasta el cuello de  mi útero provocándome dolor, como un calambre de una descarga eléctrica. No pude aguantar más. Era demasiado para mi. Dolor, público, gozo. Tenía todos los ingredientes para explotar con mi juguete preferido dentro de mí llenándome, electrizándome y rompiéndome. Mi Sr. X me siguió, gimiendo y dejándose caer extenuado sobre mí con su cuerpo empapado en sudor mezclado con el cloro de la piscina.

Ese fue nuestro primer encuentro de varios que tuvimos durante la semana del festival. Guardo un buen, buenísimo recuerdo de esa semana loca entre artistas y delegado. Y no me refiero a las fotos.


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Yo también me apunto a ese festival tan “artístico”

  2. Es maravilloso interactuar con personas de varios paises y con distintas lenguas. Es todo un arte dominarlas

Leave a Reply


cuatro − = 2

« »