Los Hombres de

                   Rita Rico

07 2013

Relato erótico de Rita Rico

Pies para que os quiero

Alfredo seguía en el hospital. Su madre iba a verle todos los días y sin embargo su padre a veces tardaba una semana en aparecer. Yo le visitaba todas las tardes. Mi inconsciente me traicionaba antes de salir de casa. Me hacía buscar lo más sexy a la par que elegante que tuviese en el armario para pasar las aburridas horas con él. Pero no me vestía con mi mejor ropa para que se alegrara Alfredo, sino su padre. Quería estar deslumbrante, perfecta para él.

Una noche Rafael me invitó a cenar en la cafetería del hospital y se ofreció acompañarme a casa. Por el camino, en su elegante Mercedes, me confesó que sentía envidia de su hijo. Envidia por la dedicación y cariño que yo le profesaba. Le confesé que nuestra relación estaba terminada por mi parte y que cuando se curara, le dejaría. Sus brillantes y profundos ojos azules me penetraron con una mirada que me intimidó. Al día siguiente recibí doce rosas rojas con una bonita poesía. Rafael me pedía una cita para cuando cortase con Alfredo. ‘Te esperaré’

Quería estar impecable de los pies a la cabeza. Usaba tanto tacón que mis pies se quejaban últimamente. Pedí una cita a un podólogo que me recomendó una amiga de mi madre. Según ella era el mejor podólogo que había conocido. ‘Te deja los pies nuevos’ decía.

Su consulta estaba en la primera planta de un edificio no muy lejos de mi casa. Esperé mi turno en un pequeño hall.  Era su casa y su consulta. Al rato salió una señora con cara de haber sufrido y detrás de ella mi Sr. X rubio, ojos marrones y con una mascarilla en la boca. La despidió haciéndole varias recomendaciones y apuntándole una próxima cita.

Me senté en una silla como la de los dentistas. Me preguntó de qué me aquejaba y me quitó los zapatos. Un largo suspiro se escapó de su boca. Le pregunté si tenía algo malo y me dijo, después de tocarlos y examinarlos, que mis pies eran perfectos. Que lo único que necesitaban era un buen masaje y mucho mimo. ‘¿Le importa que les haga una foto? Es únicamente para fines científicos. Soy profesor y tengo varios modelos de pies con distintas anomalías. El suyo lo mostraré como ejemplo de unos pies muy bien cuidados y sin deformidades’. Le permití que hiciera la foto. Me frotó con una gasa empapada en un líquido y a continuación puso crema en sus manos y empezó a masajearlos. ‘cierra los ojos y relájate’.

Sus fuertes dedos presionaban las plantas de mis pies. Me entró la risa por las cosquillas que me provocaba. ‘¿Sabía Rita que en los pies están reflejados todos nuestros sistemas y órganos? Por ejemplo aquí está el estómago, por aquí los intestinos, la columna vertebral…’ Me iba indicando con sus yemas todas las partes de mi cuerpo. Sentía una sensación muy agradable. ‘En los pies también tenemos varias zonas erógenas. Por ejemplo aquí está el aparato reproductor y aquí concretamente la vagina’. Me apretó fuerte el punto y sentí una punzada en mis entrañas, un calor repentino, y mis bragas se mojaron.  Aaahhh…suspiré. ’Jamás me dieron un masaje en los pies.’ ‘Tú necesitas que alguien te los cuide, te los mime como se merecen’. Siguió masajeando cada vez con más fuerza, tesón y lo hacía sobre el mismo punto en los dos pies. Cuanto más el presionaba más me excitaba. Su mirada era lasciva y su voz cambiaba de tono con cada movimiento de sus manos. Su respiración se aceleraba y se entrecortaba. Con los ojos cerrados me embarqué en un mundo de reflejos y sus manos me masajeaban desde el interior. ‘Tienes los pies muy suaves, femeninos, los dedos bien alienados, las uñas pintadas. Hummm…Y que bien huelen’. Se acercó a mis pies y los olió profundamente. ‘Aaahhh…hacía mucho que no tenía unos pies así en mis manos’ Estaba claro que la consulta iba a salirme gratis. Si mi sr. X, el podólogo,  no me defraudase volvería más veces a que me diera un repasito.

Nos fuimos al fondo del piso, a su habitación. Se quitó la mascarilla y descubrí unos labios carnosos ideales para pecar. Me echó sobre su cama y despacio me quitó los vaqueros. Se arrodilló al pie de la cama y volvió a coger mis pies. Los olió, besó cada dedo, y metió su lengua entre todos ellos. Lo hacía con ganas y sin prisas. Adorándolos. Se levantó y se quitó su bata blanca. Su torso estaba limpio de vellos. Tiró de mis pies y los puso a la altura de sus tetillas. ‘Pellízcamelas con tus pies’. Al principio me costó hacerlo pero al final lo logré. Mi Sr. X me pedía que lo hiciera con más fuerza y apreté con mis dedos hasta que el chilló. ‘Aaaaahhhhh…me encanta cómo me pones’. Se bajó su pantalón a la vez que su ropa interior. Mi Sr. X tenía un señor instrumento. Mi vagina indirectamente masajeada por sus dedos, esperaba ansiosa la penetración de su apetitoso artefacto.

Al verle desnudo y con tal erección mi instinto animal agarró de mis bragas y me  las bajó. Él rápidamente me las subió y me pidió que antes le masajeara su cuerpo, su cara con mis pies. Se puso boca abajo y  pisé su culo y caminé por su espalda. Mi Sr. X jadeaba. Se dio la vuelta y caminé con la ayuda de sus manos por sus piernas, parando en su entrepierna pellizcándole los huevos, pisándoles. Sus gritos llegaron a asustarme. Estaba con un fetichista y masoquista. Le pisaba los huevos hasta llegar a su límite y poco a poco fui sintiendo placer en hacerle daño. Seguí por su pecho y su nivel de éxtasis era casi orgásmico. Puse un pie en su cara y sentí un gran poder sobre él. Tenía ganas de aplastarle la cara por hacerme esperar la penetración. Me chupó los dos pies con fervor y descontrol. De repente se levantó, me puso boca abajo y me arrancó las bragas. Esta acción repentina me elevó al máximo  mi excitación al punto de correrme antes de que me poseyera. Abrí a tope mis piernas esperando una gran embestida para impulsarme al cosmos con un espectacular orgasmo. Mi Sr. X enloquecido cerró mis piernas, me juntó los pies en punta y metió su gran polla entre ellos. Sujetándolos con sus manos, mis pies presionaba el capullo que se movía hacia delante y hacia atrás con los movimientos frenéticos de su pelvis. Extrañada, cabreada, asustada chillé mientras él se masturbaba con frenesí. Mi grito le excitó aún más llevándole a culminar con una gran eyaculación que se dispersó por mis piernas. Extasiado mi Sr. X se desplomó en su cama a mi lado. Le pregunté por el baño para lavarme las piernas.

Enfrente al baño había una pequeña salita con una luz roja encendida. Mi curiosidad me hizo entrar y descubrir una pared entera empapelada con fotos de pies. Delante de ella había una gran butaca giratoria desde donde podrías disfrutar del panorama fotográfico. Había pies de todo tipo. Feos, bonitos, gordos, sucios, con uñas enfermas, con tobilleras, deformes, viejos e incluso de niños. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. En cada foto había anotaciones sobre las personas, sus nombres y su puntuación después del coito. Me fui corriendo de su casa horrorizada. Mis pies también harían parte de su macabra colección.


8 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. El instinto unas veces te tirará de las bragas y otras te hará correr, tú siempre confía en tu intuición: es la ventaja de ser mujer. Tú confía en lo que tu instinto te diga…
    Me ha gustado esa ironía que hay en primero caer en manos de un fetichista y luego salir corriendo a toro pasado…Imagino que el personaje del relato o tú misma si es biografía, entendería que el fetichismo si no es obsesivo no es tal, pero hay grados. Yo la teoría me la sé.
    FELIZ VERANO

    Cayo Julio

  2. Fue una experiencia al principio gratificante,diferente y excitante.Pero en todo hay niveles y cuando el nivel es muy alto se torna obsesión. Estas y otras historias son las de Rita Rico feliz verano

  3. Más que podólogo era podo-loco. Seguro que al huir dijiste aquello de ¡Pies para qué os quiero!

  4. Sigo corriendo hasta hoy. El mejor uso que hice de los pies.

  5. Magnífico relato para contar a la luz de la luna y con sesión de masajes eróticos incorporada.

  6. Los masajes son muy importantes para la pareja. Es una satisfactoria forma de recorrer todo el cuerpo y descubrir rincones muchas veces olvidado.

  7. Me encantó el relato Rita! Super sensual y erótico!! Yo hago masajes eróticos

  8. Hummmm…masajes eróticos me encantan. De vez en cuando un buen masajito hace falta y si es a cuatro manos, mucho mejor.

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