Los Hombres de

                   Rita Rico

13  06 2013

Relato erótico de Rita Rico

En el sofá de mi psicoanalista

Salimos al final el sábado por la noche como habíamos quedado Alfredo y yo. (Usé el vestido que me regaló mi amante del probador).Mis sospechas de que mi querido Alfredo ocultaba algo, fueron ciertas. Fue una noche llena de sorpresas con confesión incluida al final. Primero me llevó a un famoso y concurrido restaurante de moda en la capital. La cena estuvo deliciosa. Luego cogimos su deportivo y nos dirigimos a una zona de chalets muy conocida de Madrid y su casa, la de su padre, me dejó con la boca abierta de lo grande y bonita que era por fuera. No entramos porque Alfredo vivía en la casa de invitados. Que por cierto era más grande que la casa de mis padres donde vivíamos seis adultos. Dentro, él me dio más sorpresas. Una pequeña en forma de brillante y la otra en forma de revelación. Pero eso no lo contaré aquí porque lo cuento con todo lujo de detalles en mi libro.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, decía la canción. Y mi vida estaba llena de ellas. La confesión de Alfredo hizo que me planteara si yo padecía algo extraño, o era una persona especialista en atraer a los raros de la vida. También mi obsesión con el sexo me traía de cabeza. Era como si yo tuviese a un ser dentro de mí que me obligase a tener sexo a cualquier hora y con el primer tío bueno que se me cruzara por delante. No podía resistir cuando veía una cara bonita junto con un cuerpo escultural y un culito duro. Hummm… Siempre tuve la suerte de poder escoger a este macho que mereciera los favores de una hembra como yo.

Decidí utilizar el método inventado por Freud para curarme una posible enfermedad mental sobre mi conflicto sexual que probablemente se haya originado en mi infancia. El psicoanálisis. Pero claro, conociéndome, el psicoanalista tendría que tener como mínimo setenta años para que no hubiese tentación por ninguna parte. Me fui a la consulta de un profesor jubilado de la facultad y que aún ejercía la profesión en su consulta privada.

Al llegar a su gabinete me sentí aliviada. El Señor en cuestión tendría unos ochenta años y su mano temblaba al rellenar mi ficha de lo mayor que era. Me recomendaron como uno de los mejores en su área de la época. Me eché en el sofá y él en una silla por detrás de mi cabeza. Me dio libertad total para contarle lo que me afligía y que no me guardase nada para que él me pudiese ayudar. ¡Como para guardar algo con lo cara que era la consulta!

Empecé contándole que me tocaba a diario, que ya me había acostado con muchos hombres a mi temprana edad, que mi cuerpo se comportaba como si no hubiese una mente que le controlase. Le conté también que, cuando me imagino a algún falo conocido u otros por descubrir debajo de unos pantalones apretados que marcan el paquete, mi temperatura corporal sube llegando a darme fiebre. Mi mano automáticamente busca a mi juguete para divertirme un rato. Mi lubricación es automática y abundante, muy abundante. ‘¿Y qué hace cuando eso sucede?’, me preguntó el anciano doctor. ‘Pues empapo mis dedos con mi gel y subo desde mi vagina hasta mis pechos dejando un reguero en mi vientre. Les vuelvo a mojar y lubrico mis pezones que se ponen duros cuando me toco.’ Le contesté al doctor. Le dije que me gustaba mi propio sabor  y que llenaba mi lengua con mi jugo y chupaba todos mis dedos juntos simulando un pene en mi boca. ‘Me vuelvo loca yo sola Dr., pero necesito ser penetrada por un buen instrumento que me llene toda y que me sacuda entera. Estoy pensando comprar un consolador grande y duro para esos momentos de soledad, pero me da mucho corte entrar sola en un sex-shop.’

Continúe relatando mis inquietudes y temores y le conté lo que pasó en la iglesia con el cura. No me corté a la hora de describir la penitencia que me impuso el sacerdote. Era mucho más fácil contar mis problemas echada en un cómodo sofá que de rodillas en una fría iglesia. Le dije que la espectacular mamada que le propicié fue castigada con más oraciones. ‘Yo creía que me iba exorcizar por si tenía a algún ente que expulsar y resulta que en vez de quitar mis males me metió su gran falo en mi boca’. Seguí con la última aventura con el chico del probador en el mismo día que había quedado con mi futuro novio. ‘Practiqué el coito con un desconocido con su madre en el probador de al lado y mi compañero de juego después de poseerme me dejó dinero para pagar mi vestido. Me sentí muy mal, como una prostituta pero al mismo tiempo muy satisfecha con el coito exprés. Y ahora me encuentro con un problema que no sé qué hacer. Mi nueva pareja tiene un defectillo en la cama y aún no sé si soy capaz de estar con él y estar toda mi vida chupándosela o pasar de él y buscar otro que me penetre como a mí me gusta. ¿Usted qué opina doctor? El doctor no me contestó, me incorporé, miré para tras y le vi sentado con los ojos cerrados. No me lo podía creer. Se había dormido el anciano. Me levanté y le toqué el hombro y su cuerpo se desplomó contra el suelo. Aaaaaaahhhhhhhhhhhhh…. Fue el chillido más largo de mi vida, más largo que la pesadilla de los políticos. Acto seguido entró la enfermera, le vio en el suelo y llamó a una ambulancia.

Días más tarde me enteré que el anciano psicoanalista, que según su enfermera tenía una salud de hierro, sufrió un infarto fulminante llegando ya cadáver al hospital. Y el rumor que corrió por los pasillos de la facultad, donde él era muy conocido y querido, era que él llegó al hospital con una potente erección.

¡Pobre doctor! Su corazón no aguantó el sobresfuerzo de bombear tanta sangre a su viejo pene. Pero al menos se fue feliz y empalmado.


8 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Eso es una muerte dulce y lo demás son tonterías. Muy bueno, Rita. :-)

  2. Qué pedazo de relato!!! Un final inesperado y ahí está la magia de tus relatos.

  3. Cada vez que me acuerdo del Dr. me da una ternura!!!!! Murió feliz.

  4. Gracias. Son sorpresas que ocurren muy a menudo en la vida de Rita. Es la magia de la vida.

  5. Yo también quiero morir así. Ja ja ja Siempre me empalmo con los relatos de Rita Rico.

  6. Cuanto me alegra saber que mis relatos alcanzan su principal objetivo además de entretener y sorprender. Que tu deseo se haga realidad pero con la misma edad que el doctor. Gracias por leerme.

  7. Una erección mortal. No sé si eso es clínicamente posible, pues un infarto no te deja dormido sino que te retuerce de convulsión y dolor, pero ya que hay que morir yo preferíría hacerlo así que de cualquier otra forma.

  8. Seguramente el anciano doctor se retorció detras de mi. Estaba tan concentrada en mi misma que no me di cuenta. Espero que al morir se le haya pasado el temblor de las manos porque seguro, seguro que donde esté estará haciendose una pajilla.

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