Los Hombres de

                   Rita Rico

23  05 2013

Relato erótico de Rita Rico

Politicamente incorrecto

Por fin me encontré con Alfredo. Más bien me encontró él a mí. Fue en el concierto que dio Peter Gabriel en Madrid. Sus amigos me dieron la sorpresa del año invitándome de su parte. Bueno, no fue la única sorpresa, con Alfredo hubo muchas más. La segunda sorpresa de la noche fue cuando él me llevó a cenar y poco a poco la temperatura ambiental empezó a subir. En el coche los grados centígrados de nuestros termómetros corporales subieron hasta alcanzar la máxima produciéndonos calenturas. Ardíamos de deseo. Pero mi querido Alfredo me sorprendió una vez más conduciendo su deportivo hasta la puerta de mi casa.

Frustración. Decepción. Desilusión. ¿Sería Alfredo maricón? No sentí su erección. Y todo ello me preocupó un montón.

No tengo nada en contra de los homosexuales pero el hecho de que él no se empalmase con el magreo del coche, me sorprendió otra vez.

Me fui a la cama desconcertada, confundida y agotada. Agotada por los estudios también. Era junio, el curso estaba terminando y había terminado los 21 días más odiosos y agotadores de una democracia. La campaña electoral de 1986.

Me sentí atacada, bombardeada con un sinfín de propaganda política por doquier. Carteles en las calles con las fotos de los candidatos. Camisetas con los logos de los partidos. Vallas publicitarias en las carreteras con sus caras amables y sonrientes. Encontrabas a políticos en los mercados, en las ferias, en los espacios gratuitos en la televisión que para colmo solo había dos cadenas públicas. Coches gritando por los megáfonos los lemas de cada partido. ‘Por buen camino’ ‘El valor del centro’ ‘Para salir adelante’. ‘Vota a este’’ vota al otro’. Votar, votar, votar…me quedé dormida.

Sonó el teléfono. Era una amiga eufórica gritando que su partido había ganado otra vez con mayoría absoluta. Me invitó a la fiesta donde celebraban su victoria. Me arreglé corriendo y me fui con ella. Al llegar allí esperaba felicitar al Sr.X presidente y no le vi. No me sonaba ninguna cara. Todos estaban bebiendo y cantando la segunda victoria de los suyos. Orgullosos estaban de ir ‘por buen camino’.

Mi amiga, que había desaparecido dejándome sola el tiempo para tomarme un par de copas, volvió y me arrastró a una sala donde yo podía felicitar a todos los del partido.

Al abrir la puerta mis ojos saltaron de las cuencas. Todos allí estaban desnudos. Estaba toda la sociedad representada. Había jóvenes, no tan jóvenes, viejos, hombres y mujeres. Estaba todo muy bien organizado, la convivencia era muy sociable y todos participaban de forma directa o indirecta. Había de todo para todos. Culos, pollas, coños y tetas. Eso sí que es una orgia democrática participativa. Creía que la nuestra era  representativa. Estaba equivocada.

No solo podías participar, deberías hacerlo. Lo comprendí cuando el Sr. X presidente junto con la Sra. X, su mujer, empezaron a desnudarme y deleitarme con todos los favores del arte amatorio. Completamente desnuda me llevaron a una mesa donde el Sr. X vicepresidente jugaba con otras militantes eufóricas por la victoria de su partido. Mi Sr. X presidente me regaló un cunnilingus muy democrático compartiendo mi cuerpo con los demás. ‘Igualdad para todos’. Y todos, de uno en uno quisieron probar mi esencia. La Sra. X también lo hizo brindando después, con mi sabor, besando a su marido ganador. Me abalancé al Sr. X presidente devorándole la boca buscando a mí misma en ella.

Los que participaban de forma indirecta se pajearon unos a otros llenando la sala de lluvia blanca. Las mujeres se comían entre ellas y los viejos con sus carnes flácidas usaban sus manos para aplaudir. Los más jóvenes, celebraban sus primeras elecciones con sus culos prietos, sus pollas erguidas y orgullosas de estar entre la crème de la crème de los políticos.

Yo sí que estaba alucinando con lo que estaba viendo. Nunca vi a tantos miembros juntos. Y todos del mismo partido. Había de todos los tamaños. Pequeños, grandes, medianos. Todo tipo de pene.  Pene plátano, pene seta, pene lápiz, pene curvo, pene cono. Todo un surtido muy variado. Yo quería probar a todos. Y todos se pusieron en fila para que yo catase a cada uno de ellos. Cuando mi mandíbula se cansó, me abrí de piernas y otra fila se formó. Entró el cono, después el lápiz, el curvo, el plátano y cuando se acercó la seta, que fea era un rato, miré a su dueño y un grito aterrador salió de mi garganta.

Estaba en otra sala con otros miembros de otro partido. Muy popular el. Seguí chillando y la seta gorda y corta empezó a crecer, a crecer, a crecer y los otros miembros gritaban ‘para salir adelante’,’ para salir adelante’. Todas las populares setas me atacaron. ¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!

Me desperté sudando y en pánico. Estaba de vuelta sana y salva en mi habitación. Fue una terrible pesadilla. Menos mal que voté por ‘el buen camino’.


2 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Magnífica metáfora. La política, al menos en este país, es una verdadera orgía de miembros de partido mamandose los unos a los otros en su fiesta privada. A mí también me producen angustiosas pesadillas los políticos españoles.

  2. No puedo olvidarme de esta pesadilla. La recuerdo porque los propios politicos de hoy nos han sumergido en una pesadilla colectiva.

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