Los Hombres de

                   Rita Rico

16  05 2013

Relato erótico de Rita Rico

Cuando perdí mi virginidad

He hablado tanto de mi amado-odiado Ulises que quiero compartir este momento. Nos fuimos a celebrar mi diecisiete cumpleaños en Asturias. Él tenía veintiséis.

…Al entrar en la habitación, la más grande del hotel, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo al ver la enorme cama, adornada con un gran ramo de flores silvestres. Eché un vistazo al baño, tenía una inmensa bañera donde casi podíamos bucear. Corrí hacia la cama para coger la tarjeta que tenía el ramo de flores, decía: Tú eres para mí, como esas flores recién recogidas: joven, alegre y preciosa. Feliz cumpleaños princesa. Ulises 1984.

Casi cincuenta años después, aún conservo esa tarjeta.  Ha sido mi tesoro. El recuerdo físico, material, de un fin de semana que una mujer nunca olvida.

Al leer la tarjeta sentí una explosión de adrenalina en mi interior, se apoderó de mí  como un misil sin control, me abalancé sobre Ulises colgándome de su cuello, le besé como una perra famélica y agradecida. Él, ejerciendo su papel de amante seguro de sí, me calmó. Ese corte me mosqueó, llegué a pensar que no me deseaba… No sabía lo que me aguardaba. Estaba claro que él llevaba la batuta. Yo era un instrumento muy valioso, que él cuidaba mimosamente para que sonara únicamente bajo su dirección. Me relajé, dejándome llevar.

Paseamos por Tineo. El pueblo es pequeñito, sus alrededores son como un cuadro impresionista. En otoño con tonos desde el amarillo pálido, pasando por el ocre, el naranja, hasta el marrón oscuro. En verano el paisaje cambia radicalmente. Los colores cálidos del otoño pasan al blanco de la nieve en invierno, que dan paso a un verde intenso con todos los matices que provocan la variada flora primaveral. En la zona hay valles, pequeños bosques con abedules, pinos, eucaliptos, hayas y helechos. En pleno verano aún se veía nieve en la cumbre de la montaña. Era un sitio para enmarcar en la memoria de cualquier amante de la naturaleza.

Comimos en un pequeño chigre, nombre que dan los asturianos a las sidrerías. Después de comer nos fuimos al hotel a descansar, donde me esperaba otra sorpresa. Esta vez el regalo estaba encima de la cómoda. Era un pequeño paquete que guardaba mi primer Walkman. Un casete estéreo de Sony. Dentro había una cinta grabada con el grupo favorito de Ulises, que pasó a ser también el mío, el resto de mi vida, además de ser el primer y mejor concierto que he vivido en directo. Queen.

—Quiero que escuches una canción del disco A night at the opera, es una de las que adoro, te la dedico. Espero que sea nuestra canción: Love of my life.

— ¿Qué significa? No tengo ni idea de inglés.

— “Amor de mi vida”. La letra es muy bonita pero…

No terminé de escucharle, me abalancé a su cuello. Estaba hechizada con tanta emoción.  Empezamos a besarnos como si nunca lo hubiéramos hecho. El simple roce de sus labios con los míos electrizaba todo mi cuerpo. Me puse de pie encima de la cama y le pedí que me quitase la camiseta. Él me desvestía con gran delicadeza, como si yo fuera de porcelana. Me quedé en ropa interior, él se alejó un poco para tener una visión completa de mí cuerpo. Su cara era de admiración, casi de adoración. Me contemplaba como si de su cuadro favorito se tratara. Después de un rato observándome, empezó a desnudarse con la misma tranquila seguridad, sin decir palabra y sin quitarme ojo. Se arrodilló en la cama, me cogió de la cintura y me abrazó. Sentí su cuerpo caliente, su pecho desnudo rozando el mío, aún cubierto por el sujetador. Me besó, un beso largo y entregado. Entregado a la búsqueda del deleite entre dos amantes desconocidos, en el mundo del placer físico. Me desabrochó el sujetador, cayó sobre la cama liberando mis pechos, dándoles la oportunidad por primera vez de sentir la piel de mi adorado héroe… Ulises. Siguió besándome. Sus labios recorrían con calma mi rostro, mis orejas, mi cuello. Bajó hasta mi pecho, resguardado entre sus cálidas manos, pidiendo paso los besó, lamió, chupó, con tanta dulzura y suavidad que provocó un excitante temblor por todo mi cuerpo. Mis manos  acariciaban su abundante cabellera, de vez en cuando sin darme cuenta le tiraba del pelo con fuerza. Me encantaba agarrarme a sus cabellos con la misma intensidad que me provocaban sus caricias.

Salió de la cama, yo me eché sobre ella. Antes de descubrir mi tesoro se quitó el slip quedándose completamente desnudo. Era la primera vez que le veía como Dios le trajo al mundo. Era hermoso, bien hecho, bien proporcionado. Su pene era diferente a los que conocía. Estaba circuncidado. Más tarde me enteré de que su familia era judía, y seguían las tradiciones,  aunque él no era practicante. Así fue como descubrí que los penes operados o circuncidados eran los que más me gustaban. Son más bonitos y más limpios.

Mi amor, ahora convertido en mi amante, cogió el walkman y me puso los auriculares, apretó la tecla del play. Empezó a sonar la música que marcaría un antes y un después en mi joven vida.

Escuchando esa maravillosa canción, aún sin entender la letra, su melodía junto a las caricias y besos de Ulises me transportaron a un mundo de sentidos y sentimientos nunca experimentados, del cual no quería regresar jamás.

Ulises me quitó las bragas y me acarició el pubis ahora desnudo. Me estremecí entera, como si nunca lo hubiesen tocado. A sus suaves dedos juguetones les gustaba separar mi vello, para que el dueño del preciado juguete pudiera verlo mejor. Acarició mis labios lentamente, cuando quedaron empapados con mi jugo vaginal se los llevo a la boca. En ese momento, un impulso salvaje me hizo levantarme para buscar su lengua,  quería sentir mi propio sabor. Mí excitación aumentó al sentir mi propio fluido en su lengua, mientras se entrelazaba con la mía. Gemí, le pedí que me lo diese todo. Lo quería dentro de mí, no podía esperar más, él, como siempre, me calmó. Cuanta más calma pedía él, más exaltada estaba yo. Tomé conciencia de lo cerca que estaba mi tan deseado momento.

Volvimos a echarnos uno frente a otro. Nos besamos pegados, cuerpo a cuerpo. Noté como su pene erecto rozaba mi coñito aún virgen. Mi respiración era tan profunda y fuerte que no la reconocía. Quería comerle entero, devorarle.  Me puso boca arriba, su lengua recorrió todo mi cuerpo, desde los labios superiores hasta los de mi vagina. Mis piernas, enloquecidas como su dueña, rodearon su espalda tirando de él para obligarle a tumbarse sobre mí. Su pene volvió a rozarme, un suspiro de súplica salió de muy dentro de mí. Era demasiada tentación para hacerme esperar más tiempo.

Mis piernas ya abiertas daban la bienvenida a su invitado de honor. Poco a poco él  fue introduciéndose en lo más recóndito de mi ser. Me dolía un poco, pero el deseo era mayor que el dolor. Esa mezcla de dolor, deseo, y placer, me hizo sucumbir.

Ulises me preguntaba si me dolía, si quería seguir. Por supuesto que quería. Llevaba esperando ese momento mucho tiempo.

Ya estaba casi todo dentro. Era maravilloso sentir como iba entrando lentamente, calentito, suave, duro. El vaivén lento de su pene  facilitaba la entrada. A pesar de la pequeña molestia no quería que terminase jamás. Quería quedarme así para siempre. Él dentro de mí. Su cuerpo pegado al mío, nuestras lenguas ligadas jugando sin cesar.

—¿Qué tal Rita? —me preguntó de nuevo cuando ya me había penetrado completamente. ¿Quieres seguir? Estoy entero dentro de ti.

—Sí, sí. No pares por favor.— le besé frenéticamente.

— Me excitas mucho Rita. Un poco más y lo dejamos. Estoy a punto de correrme…

Jugamos un poco más. Ulises se retiró como un caballero, amorosamente despacio, se tumbó a mi lado, empezó a masturbarse para terminar la faena. Le pregunté si podía ayudarle. Me pidió que le susurrase al oído lo que había sentido, si me había gustado. Me costó describirlo, me daba un poco de corte decírselo, pero para entonces ya me había convertido en su más fiel y obediente discípula, todo lo que viniera de mi maestro, lo acataría sin titubear. Entre susurro y susurro le mordisqueaba el lóbulo de la oreja. Eso le puso a mil, sin mucha dificultad se corrió, su semen dibujó en su vientre varias rayas y gotitas blancas.

No recuerdo haber sangrado, quizás porque la poca sangre que provocó la ruptura del himen, al mezclarse con nuestros fluidos, se diluyó sin manchar las sábanas. Al menos yo no lo vi,  y Ulises no dijo nada al respecto…


6 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Magnífico relato de amor, pasión y sexo conducido con talento de principio a fin. Erotismo por y para mujeres. Gracias por compartirlo.

  2. Gracias a ti por tus gratificantes palabras. Realmente mis historias van dirigidas a las mujeres. En la novela queda mucho más patente pero a muchos hombres les gustará saber como sentimos y vivimos el sexo. Rita Rico son todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida. Besos

  3. Me ha encantado el relato. Es un momento muy importante para la mujer. No me olvidé nunca de mi primera vez.

  4. Es muy importante y dificil de olvidar. Pero con los años me di cuenta que siempre que estas con alguien nuevo, la primera vez que te acuestas con él también sigue teniendo ese encanto, curiosidad de como será igual que la primera vez. Por eso siempre disfruté mucho de todas mis primeras veces.Besos

  5. Muy bonito. El tiempo endulza el recuerdo. Las dudas, el temblor y sudor de la primera vez. En mi época, hace ya 40 años, suponía sentirse adulto. Ahora creo que no. No sé.
    ¿Tu te sentiste ya una mujer adulta después de hacerlo por primera vez, Rita?

  6. Creo que en este aspecto no me he sentido adulta nunca. Sigo sintiendo lo mismo cada vez que un nuevo hombre me penetra por primera vez.

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