Los Hombres de

                   Rita Rico

25  04 2013

Relato erótico de Rita Rico

Un círculo muy vicioso

Por fin llegó el día de mi vuelta a la facultad. Empezaba mi cuarto año de psicología y estaba muy animada, pero no por las clases si no por la posibilidad de ver a Alfredo o saber de él a través de sus colegas. Sabía que él ya había terminado la carrera porque iba dos años por delante de mí y que posiblemente ya hubiese vuelto de los Estados Unidos. Me animé con la idea y busqué en mi armario lo más mono que tenía, puse a sonar el equipo con mi músico favorito por aquel entonces, Peter Gabriel, y me metí en la ducha.

Enjabonando la cabeza empecé a recordar a los últimos hombres, desde que dejé a Ulises, que tuve entre mis piernas, debajo de mí, encima de mí, por delante, por detrás y en distintos sitios. El del sofá me dio ternura por lo tímido que era. Aclaré mi pelo y me acordé del italiano tirando de mi melena mientras él me montaba por detrás. Llené la esponja de gel y recorrí mis pechos, me recreé en mis pezones evocando al sevillano en la tienda de campaña. Bajé la esponja para lavar mis lindos pies subiendo a continuación por mis largas y bien contorneadas piernas trayendo a la memoria el irlandés que las recorrió enteras al levantar mi vestido en el jardín. Al coger el gran bote de gel, tamaño familiar, me hizo pensar en el enorme falo del chico del bar. ¡Qué grande lo tenía! Su recuerdo aún me impresionaba. Llené mi mano con el gel y enjaboné mi vulva, mis labios, jugué con mi clítoris y una pequeña corriente eléctrica subió por mi columna erizando toda mi piel. Esa sensación me trajo a la mente al amante comedor de coños de Conil. Hummm…. ese fue el último y el que me dejó mejor sabor de boca.

Peter Gabriel estaba terminando de interpretar Sledgehammer del álbum So mientras me untaba el cuerpo con la crema hidratante carísima de mi madre. Quería tener la piel sedosa por si acaso mi definitivo encuentro con Alfredo fuera hoy.— Hay que estar siempre preparada para cualquier eventualidad—. En mitad de mi ritual sonó el timbre. No hice ni caso. El timbre insistió y de repente me acordé que estaba sola. Mi madre y dos hermanas estaban en Málaga, mi padre en el Ministerio y mi otra hermana haciendo prácticas de enfermería en una clínica. Me enrollé en una toalla y fui a abrir la puerta.

Al otro lado estaba él. Mi Sr. X con unos libros en la mano, vestido con traje y corbata, probablemente heredado de su padre por lo antiguo que era, moreno, pelo corto rizado, ojos negros, nariz aguileña y tendría unos veintitrés años de edad. No estaba nada mal el chaval. El chico perdió la voz al verme con mi larga melena negra mojada, con la toalla que envolvía mi cuerpo tapando lo justo y con la mirada brillante después de haber jugado con mi botón mágico en la ducha. Cuando recuperó el habla me dijo que era del Círculo de Lectores y que traía los libros que había encargado mi madre. Insistí que entrara al decírmelo que volvería en otro momento.

Nos fuimos a la mesa del comedor y le pedí que me enseñase el catálogo porque estaba muy interesada en encargarle algún libro. Él muy nervioso pero profesional a la vez, me habló de las enciclopedias, de las colecciones de autores, de los variados géneros que tenían y también CDs. Le pregunté por las novelas eróticas. El chico se puso más nervioso y yo me divertía al verle tan tímido, tan aparentemente inocente. Abrió el catálogo, me levanté, me acerqué más a él para que pudiera oler mi piel recién lavada con gel de almendras. Al inclinarme señalando portadas de varios libros como Las edades de Lulú, El amante, Los amores prohibidos entre otros, le pedí que me leyese las sinopsis de estas tres novelas mientras le olía su pelo. Le dije que me interesaba mucho la historia del joven que, perseguido por la policía, encontró refugio en casa de una prostituta (Los amores prohibidos). El chico siguió leyéndola mientras yo por detrás le rocé con mi cuerpo y le besé la nuca. Le susurré que se dejase llevar como el prota de la novela para descubrir placeres que jamás se podía imaginar.

Me sentía como la prostituta de la novela. Las sinopsis de los libros que me leyó Mi joven Sr.X me mojó la entrepierna y me entró un hambre atroz. Giré su silla y delante de sus desorbitados ojos deje caer mi toalla. Le quité su chaqueta y le lamí la cara. Su lengua en seguida se asomó para encontrarse con la mía. Me retiré y traje su cabeza y la apreté contra mis turgentes pechos y excitados pezones. Una vez más mi joven Sr. X abrió la boca para saborear mis pezones. No lo dejé. Me di la vuelta y froté mi culo en su bragueta. Sentí su erección en mis nalgas. Manché su traje con mi fluido que era abundante. Él me agarró de la cintura intentando mantenerme sobre su erección. Me moví con más fuerza masturbándome con mi clítoris en su pantalón. Él quería besarme, comerme pero no le dejaba. Me gustaba verle sufrir. Morirse de ganas de poseerme. Me puse de frente a él y le dejé que tocara mis pechos. Me los estrujó, le paré y le marqué el ritmo. Él suavizó sus movimientos, entonces le premié con mi pezón en su boca que me chupó como si nunca lo hubiese hecho. Me aparté, me senté delante de él con las piernas abiertas y me masturbé para él. Jugué con mi clítoris, con mis labios, con mi jugo empapando mis dedos y chupándomelos.  Él se retorcía en la silla frotándose el pene aún guardado. Volví a empapar mis dedos y se los ofrecí. Me los chupó. Mientras le cogí su mano y la llevé a mi vagina completamente empapada y le hice que me masturbara. Me corrí de pie enfrente a él mientras me chupaba los pechos, su mano jugaba con el más deseado juguete que jamás tuvo. Delirando él con mi orgasmo y con el deseo irrefrenable de entrar en mí, se quitó el pantalón junto con su bóxer y descubrí que su preciado amigo no era de mi tamaño ideal. Era más bien pequeño y estaba a punto de estallar. Permití que jugara con el frotándolo en mi parte más caliente pero no dejé que me penetrarse. Era demasiado poca cosa para mí.

Llevé al Sr. X del Círculo de Lectores a la cama de mis padres para terminar la jugada ganando yo por goleadas. Me abrí de piernas boca arriba y le dejé que se divirtiera con su lengua y sus dedos. Me corrí otra vez en su boca. Decidí dejar de torturarle y le puse encima de mí y nos besamos. Su pene se posó en mi barriga mientras nos comíamos a besos, jugando lengua con legua de forma desesperada por su parte, al rato note un líquido templado en mi vientre y el Sr.X se retorció sobre mí.

Su precoz eyaculación me decepcionó. Era la primera vez que me pasaba eso, pero tampoco fue la última. Él se corrió antes de la penetración. Me pidió perdón y me explicó que era virgen. Entonces el sentimiento que sentí al principio como la puta del libro se reafirmó al enterarme  de su virginidad. Él quería volver a intentar y yo le dije que tenía mucha prisa. Se vistió su pantalón manchado por mí, metió su arrugada camisa por dentro y nos dirigimos al salón. Me preguntó cuál libro quería encargar y le dije que ninguno porque la socia del círculo era mi madre. Me cuestionó cuando podíamos volver a vernos y le dije que cuando él se hubiese acostado con al menos unas cien mujeres para poder llevarme a donde estaba acostumbrada a llegar con los hombres de mi vida.

Mi joven Sr. X se marchó manchado, arrugado, compungido y sin vender ningún libro.


6 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. Qué mala es Rita. Pobre chaval. Se quedó con las ganas. ¿Qué habrá sido de él?

  2. Bueno, meter un poco de caña a los hombres no viene mal de vez en cuando. Es para compensar un poco lo que nos hacen. El chico del Círculo creo que cambió de zona o dejó la profesión. Nunca más le vi.jajajaja!!!!

  3. Pobre chaval. Luego decís que si hay muchos gays. Claro, si tratais así a los vírgenes… Y encima no vendió ni un libro.

  4. Desde luego no se si él cambió de acera pero sí te aseguro que no vendió ningún libro más en mi casa. El chaval salió corriendo.

  5. Yo no creo que fueras mala Rita. Pienso que le diste una valiosa lección que le serviría de mucho en la vida. Igual ahora es un play boy viejo verde liado con alguna veinteañera gracias a ti ;-)

  6. No sé, no sé. Hay tantas posibilidades cuando hieres al sexo opuesto en su hombría. A lo mejor hasta cambió de acera. Vete a saber. jajaja!!!!

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