Los Hombres de

                   Rita Rico

04 2013

Relato erótico de Rita Rico

Mi Adonis Irlandés

Mi último fin de semana en Málaga no podía ser diferente a los demás. Me sentía en la obligación, bueno mi cuerpo me obligaba, de superar al Sr. X  Sevillano. Necesitaba llevar un recuerdo inolvidable, diferente, una sensación que tardase en borrar de mi mente, de mi cuerpo. Puse un vestido blanco largo de algodón para contrastar con mi piel bronceada casi negra de todo el verano en la playa. El vestido era de tirantes y tenía un generoso escote  que marcaba mis pechos redondos y turgentes. Pinté mis largas y pobladas pestañas de negro, un poco de sombra gris y por último resalté los ojos con delineador negro. En los labios un poco de rojo con un tono muy suave.

Cogí mi bolso y me dirigí a London, pero no a Londres sino a un Pub británico que jamás me había atrevido a entrar por no saber inglés. Una vez allí descubrí que la música que pinchaban era buenísima, los camareros ingleses hablaban español y los clientes no estaban nada mal. Pedí una copa y me puse a bailar, como siempre cerca de la entrada para controlar a los nuevos consumidores. Hacia la mitad de mi copa me fui al baño dejando mi vaso en la barra. Le hice un gesto al camarero para que le echara un vistazo mientras iba al servicio. Aproveché, una vez allí para retocar mi maquillaje y puse mis labios más rojos y brillantes.

Cuando volví a recoger mi copa ya no estaba. En su lugar estaba otra llena con naranja. Pregunté al camarero por mi vaso y él me dijo que le había puesto lo mismo y que me había invitado el Sr. X que estaba apoyado en la pared de enfrente al lado de la máquina de tabaco. Allí estaba mi siguiente Sr. X vestido con una camisa blanca con los dos primeros botones desabrochados, una americana azul oscuro y vaqueros. Tenía una cara preciosa, una sonrisa perfecta, orgulloso de enseñar unos dientes blancos y bien alineados protegidos por unos labios carnosos. Era muy alto comparando con mis 165 centímetros de estatura. No podía rechazar la copa viniendo de un monumento como este. Me acerqué para agradecerle la invitación y de cerca vi sus ojos verde que destacaban sobre la piel morena y su cabellera castaña ondulada. Era guapísimo, como sacado de una portada de revista de moda.

Nos pusimos a bailar. Sus movimientos eran muy masculinos y seductores. De vez en cuando él me cogía de la cintura para moverme a su ritmo o tiraba de mi mano para dar vueltas alejándome y acercándome a su cuerpo. La sonrisa no abandonó mi cara ni un solo instante. Él bailaba bien, olía bien y besaba mejor.

Decidimos cambiar de bar. Con el poco español que él hablaba y yo nada de inglés, pude entender que mi Sr. X era irlandés, de Dublín. Desde este momento pasé a adorar a los irlandeses. En el otro pub encontramos con sus dos amigos que tampoco estaban nada mal pero al lado de mi Sr. X ellos no tenían nada que hacer. Uno de ellos se fue del bar con una borrachera monumental. Nosotros seguimos bailando al son nacional y bebiendo, y bebiendo. ¡Cómo beben los irlandeses! Yo no podía seguirle y decidí sacar mis armas de mujer y seducirle. Mi conquistador no ofreció ninguna resistencia a mis tentadores y sensuales movimientos de cadera y mis mordiscos en sus labios.

Nos fuimos al apartamento que ellos habían alquilado en Fuengirola. Una pequeña urbanización con su jardín y una modesta piscina. Llamamos a la puerta y desde fuera se veía todo apagado y nadie contestaba. Fuimos a la parte de atrás que daba a la piscina para ver si había alguna ventana abierta y poder entrar por allí. El piso estaba en la planta baja, pero todas las ventanas estaban cerradas y no había luz en el interior. El amigo que tenía la llave del piso no estaba. Nuestro calentón no podía esperar más. Mi Sr. X levantó mis dos manos sobre mi cabeza y con su cadera me empujó contra la pared. Sentí en mi barriga como sus vaqueros estaban a punto de estallar por su inminente erección. Uauuu…pensé. La cosa promete.

Con su mano libre, él acariciaba mi cuerpo mientras su lengua invadía mi boca. Me lamía, mordía mis labios, mi cuello, mis orejas. Su mano inquieta y rápida bajó un tirante de mi vestido liberando un pecho. Su boca ardiente buscó mi pezón que estaba expectante metiéndole en su boca. Me lo chupó y lo mordió con fuerza. Grité. Mi cuerpo se retorció por el dolor mezclado con placer y excitación. Me liberó las manos para poder con sus dos manos levantar mi vestido hasta la altura de mi pelvis. Se arrodilló, me quitó las bragas y su boca, sus labios buscaron los míos que estaban ávidos de placer. Su lengua recorría mi vagina de arriba abajo y sus dedos jugaban con mi clítoris. Apoyé mi cabeza contra la pared y mis manos fueron en busca del pelo de mi amante irlandés enredándose en él. Por un momento abrí los ojos y fui consciente de que estábamos expuestos a ser pillados por cualquier vecino. Mi excitación fue aún mayor.

Mi Sr. X se levantó y bruscamente me dio la vuelta poniendo mi cara contra la pared. Bajó sus vaqueros junto con su ropa interior, buscó la entrada de mi cueva con su pene y me penetró. Ahhhh….Los golpes de su pelvis contra mi culo era delicioso. Apoyé mis manos contra la pared para no dañar mi cara con sus embestidas. Me puse de puntillas para que su miembro pudiese llenarme toda. Él tiraba de mi pelo para poder alcanzar mi boca mientras me sacudía con fuertes movimientos. Me susurraba palabras en inglés que una vez más me frustró el hecho de no conocer el idioma.

De pronto desde el interior del apartamento oímos un ruido y las luces se encendieron. Sr. X se salió rápidamente de mí y con la misma rapidez entramos en el piso. Fuimos directamente a la habitación. Allí él se quitó su ropa y completamente desnudo se echó en la cama. Me pidió con su mal español que le chupara el pene y yo embrujada por mi Adonis no dudé en obedecer. Primero me quité el vestido y como Dios me trajo al mundo me eché sobre él. Le besé muy suavemente y empecé a descender por su fibroso cuerpo pasando por sus tetillas, su barriga y su pelvis. Su miembro que estaba duro como una roca me pedía que le tragase, que le comiese entero. Acaricié su juguete desde la base hasta el glande dedicándome más tiempo en él. Cogí su falo con mis dos manos y muy despacio lo introduje en mi boca. Dentro, fuera, dentro, fuera. Lo metía hasta el fondo provocándome arcadas. Hummm…mi amante irlandés gemía de placer. Al ver su respuesta empecé a succionar con fuerza apretando mis labios contra él. Cuanto más rápida era su respiración más rápido eran mis movimientos.

El Sr.X se incorporó mientras yo seguía mi trabajo, abrió un cajón de la mesilla de noche, sacó un condón, lo abrió, me cogió de la cabeza, me besó y con mucha habilidad vistió su miembro erecto. Me agarró de las caderas, me dio la vuelta y de espaldas a él me sentó sobre su pene. Ohhhh… Entró enterito. Cómo me gusta. En cuclillas sobre él, me movía con ritmo lento disfrutando de cada centímetro de su deliciosa arma dentro de mí. Mi compañero de juegos cogió mi cintura y levantándome y bajándome cambió el ritmo. Los movimientos eran rápidos y cortos. Cada vez más rápido, más rápido hasta que una explosión invadió nuestros cuerpos electrizándonos completamente dejándonos sin aliento. Se incorporó sin salirse de mí, me abrazó con fuerza, me besó los hombros, la nuca y por último mi boca. Pegados nos echamos en el colchón y poco a poco sentí cómo su miembro se iba saliendo de mí. Y así abrazados nos dormimos.

Unas horas más tarde mi pierna derecha involuntariamente se posó sobre su pelvis, sobre su miembro que dormía plácidamente. Él en sueños me preguntó: Do you want more sex Rita?

Definitivamente, pensé, al volver a Madrid me apunto a clases de inglés.


4 Responses to “Relato erótico de Rita Rico”

  1. ¡Qué suerte tiene Rita con los hombres! Y qué marchosa es. Ya me gustaría ser como ella.

  2. La suerte hay que buscarla. Y marchosa siempre he sido. Ahora, a mi edad, ya estoy más tranquila. Pero nunca me canso de disfrutar de la compañia de mi hombre.

  3. ¡Qué importante es saber idiomas!

  4. ¡¡¡Ni que lo digas!!!Sobre todo el inglés. Pero yo siempre he dominado muchas lenguas….

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