Los Hombres de

                   Rita Rico

03 2013

Rita Rico Sexo en el salón

Rita Rico Sexo en el salón

Siempre pensé que me enamoraría de mi príncipe azul y estaría con él el resto de mis días. Esta siempre fue mi intención hasta que conocí el sexo, los placeres de la carne y con él mi primera desilusión. Estuve con Ulises, el hombre que me desvirgó, mi primer gran amor, tres años. Estaba enamoradísima de él hasta que me pidió que nos alejáramos un poco, para ser más concreta todo el verano, para que pudiese preparar unas oposiciones para maestro. Me dijo que yo le distraía mucho y que no podía concentrarse en los estudios. Mi mundo, ante tal petición, se rompió en mil pedazos. Era para mi inconcebible pasar tres meses sin sexo, sin él. Después de los últimos años acostándome con él, probando esa droga natural tan adictiva, me enganché y no podía estar tanto tiempo sin dar placer a mi cuerpo. Ulises intentó tranquilizarme diciendo que solo era por poco tiempo y luego todo volvería a ser como antes. Me sentí abandonada, decidí buscar consuelo en otros hombres y me fui a la playa a casa de mis tíos en Málaga.

Mi primera noche en Fuengirola fue un poco aburrida. No había ningún chico que me gustase y no dejaba de pensar en mi novio Ulises. Al final de la noche mi prima y yo nos íbamos a casa cuando vi un chalet con muchos coches aparcados delante y la música se oía a la legua. Era una  discoteca recién inaugurada. Mi prima no quería entrar y a mi me gustaron mucho los clientes que entraban en el local en aquel momento. Mi detector de testosterona empezó a girar sus agujas a la misma velocidad que la sangre circulaba por mis venas. Convencí a mi prima a regañadientes. Dentro el olor a hombre, mezclado con alcohol y tabaco me embriagó. Fuimos directamente a la barra a pedirnos una copa. A continuación nos pusimos a bailar en la pista al lado de una pandilla de unos cinco chicos. Uno más guapo que el otro. Acto seguido empecé a tontear con uno de ellos, pero el que yo quería era el que no me hacía caso. Me miraba de reojo y yo descarada no le quitaba ojo. Era más o menos de mi estatura, media melena castaña, muy lisa. Sus ojos eran negros como los míos y su sonrisa discreta casi tímida me excitaba. No sabía si era tímido o no le gustaba. Esa idea activaba la depredadora que siempre fui y que descubrí en este mismo instante. Lo quería para mí. Era mi presa perfecta.

Decidí acercarme a él y me presenté. Al darle dos besitos sentí lo bien que olía y no dudé en susurrarle que me encantaba su olor. Él tragó en seco. Entonces vi que era tímido y en consecuencia concluí que ya era mio. Le dije que me acompañara al baño, él no dudó en venir conmigo. A  mitad de camino empezó a sonar una música lenta, eran los años 80, y nos pusimos a bailar pegados. Acto seguido, nuestros labios al ritmo de la música se pegaron y nuestras lenguas empezaron a jugar. Me sorprendió lo bien que besaba. Cómo dominaba el arte de besar de una forma muy dulce y delicada. Era como un osito en manos de una loba hambrienta. Me apreté contra su cuerpo y sentí su erección pegada en mi vestido rojo de gasa. Mi vello se puso de punta y la parte baja de mi ser subió de temperatura. Salimos de la pista y nos fuimos a un rincón a meternos mano. Él tímidamente, casi pidiéndome permiso, me tocó los pechos que enseguida se encendieron al contacto cálido de sus manos. Bajé mis manos y las metí dentro de su pantalón. Toqué su miembro que se puso más duro aún si cabe. Era gordo pero no muy grande, al menos era bastante más pequeño a lo que estaba acostumbrada. Me sugirió que fuéramos al coche de su amigo que por lo visto era el picadero de su pandilla. Para mi sorpresa el coche ya estaba ocupado con la zorra de mi prima. Le pedí las llaves de casa y ella no me cuestionó nada. Lo único que me dijo fue que no despertase a sus padres, mis tíos.

Al llegar a casa nos fuimos directamente a la cocina de puntillas para no despertar a nadie. Cogí un vaso de agua para mí y él estaba tan asustado que no quiso nada. Me entró la risa al verle así que resolví calmarle. Le bajé la cremallera y saqué su pequeño pene que aún estaba duro. Lo metí en la boca entero, era increíblemente pequeño o yo tenía la garganta muy profunda. Esa fue la única vez en mi vida que fui capaz de meter un pene entero sin que me dieran arcadas. En mitad de la felación oí un ruido que venía de la habitación de mis tíos. Le dije que se metiera corriendo en la terraza y que no se moviera. Era mi tío que al verme se alegró de que ya estuviéramos en casa. Le dije que vine a tomar un vaso de agua y que mi prima ya estaba en la cama. Me dio un besito en la frente y se despidió hasta mañana. Me fui a mi habitación dejando al chico escondido, puse mi camisón y me quité las bragas. Pasé por la puerta de la habitación de mis tíos para asegurarme que dormían. Pude comprobar que sí al oír como los dos roncaban.

Volví a la cocina para rescatar a mi presa. Al pobre se le había bajado todo hasta su tono de piel bronceada por el sol. Le tiré de la mano y le senté en el sofá. Se había guardado su pequeño juguete que ahora era casi inexistente. Le susurré que se relajara, que todo estaba controlado. Le di varios besitos en la cara, en la frente, en los labios, luego jugué con su oreja mordisqueando el lóbulo. Enseguida su respiración empezó a acompañar a la mía y nuestras bocas se buscaron otra vez para perderse de esta vez en un beso ardiente y apasionado. Me separé de él y comprobé que su juguete estaba listo para la acción y debido a su tamaño decidí que la mejor postura era sentarme en él. Me puse a horcajadas sobre él y cogí su mano para que tocara mi vagina que estaba impaciente y muy mojada. Acompañé su mano para ayudarle a franquear la entrada junto con mis dedos. Los empapé en mi jugo y los metí en su boca. Él los chupó, los lamió y me besó con esta mezcla de sabor que siempre me excitó tanto. Olor, sabor a sexo, a mi sexo. Le pedí un condón, me levanté un poco y como una profesional le puse rápidamente en su miembro gordo y con la cabeza brillante. Volví a agacharme y directamente me senté en él tragándole entero. ¡¡Hummmm…!! era pequeño pero me llenaba las paredes de mi vagina electrizando todo mi cuerpo. Le mordía los labios al tiempo que cabalgaba sobre él agarrándome de sus pelos. Tres movimientos más y me perdí sobre él corriéndome en silencio. Me siguió retorciéndose debajo y dentro de mi. Nos abrazamos. Apoyé mi frente en su frente y cuando nuestras respiraciones se calmaron le di un besito y me levanté. Él se levantó el pantalón y se lo abrochó. Le acompañé hasta la puerta y al abrirla mi prima apareció del otro lado. Le di otro besito y me despedí.

Nos fuimos a la cama en silencio, sin pronunciar palabra. Pero no hizo falta. Por su sonrisita intuí que ella lo había pasado tan bien como yo.


4 Responses to “Rita Rico Sexo en el salón”

  1. Es curioso pero en ocasiones me siento identificada con Rita Rico. Un beso, me ha encantado.

  2. Creo que todas, e incluso alguno que otro hombre, nos hemos sentido abandonadas/os por nuestros respectivos. Pero ¿qué mejor medicina que dar rienda suelta a nuestros deseos carnales? Es una forma sutil de venganza.

  3. Siempre he pensado que las mujeres no pierden el tiempo cuando sus parejas están lejos. Ellos llevan la fama, y ellas cardan la lana.

  4. Yo desde luego nunca perdi el tiempo. Mi cuerpo, mi entrepierna me esclavizaron durante muchos años y disfruté mucho de esta esclavitud.

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