Los Hombres de

                   Rita Rico

03 2013

Rita Rico Acampada sexual

Rita Rico Acampada sexual

Me quedaban dos semanas para terminar mis vacaciones en Málaga. El Sr. X italiano me dejó un buen sabor de boca, pero quería más. Estaba desatada. Mi cuerpo, mejor dicho mi entrepierna, era un ente aparte pidiéndome guerra a todas horas. Mi playa favorita era la del Puerto de Cabopino, nudista. Iba todos los días a recrearme la vista con un escaparate muy variado de penes, tetas y vaginas libres tomando el sol. No me atrevía a desnudarme totalmente pero sí dejaba que el generoso sol acariciara mis pechos. En este maravilloso escenario fue cuando por primera vez nadé desnuda con mi primer novio aún virgen. Tuve, entonces, un orgasmo con el Dios Neptuno penetrando su refrescante agua en mi interior cada vez que abría las piernas. Si el mar hablase contaría muchas historias sobre diferentes prácticas sexuales dentro de él o detrás de la playa en las dunas de arena bajo los pinos. La playa de Cabopino era ya por aquella época conocida y muy concurrida playa de los gays. Pero lo que más me gustaba era que había de todo. Familias enteras desnudas, mirones y mucho, mucho puterío.

Mi prima no quiso salir aquella noche. Entonces decidí ir a un bar que estaba de moda donde conocía a todos los que trabajaban allí. No me gustaba mucho la idea de ir sola, pero mis hormonas no dejaban de gritarme pidiendo un poquito de placer y a esas altura del verano ellas me dominaban completamente.

Me senté en un taburete en la barra en la entrada del bar para tener una buena visión de los clientes que entraban. No había nada de mi interés. Pensé en terminar mi copa y marcharme como había venido. Carlos, el camarero, me dio conversación y empezó a invitarme a chupitos. Entre chupito y chupito y entre risa y risa, se puso a mi lado un morenazo con acento sevillano. ¡¡¡¡Uau!!!!, dijo mi entrepierna, por fin algo digno de una Diosa, una Diosa como yo. Su voz sonaba fuerte y decidida y esperé que fuera acorde con su dueño. Se cogió sus dos copas, me miró de arriba abajo con una mirada lasciva y lujuriosa y se fue. Le seguí con la mirada para saber a quién entregaba la segunda copa. Para mi suerte se la dio a otro chico.

Al ver que el tenía una visión perfecta de mi, resolví provocarle desde mi taburete. Jugaba con mi larga melena lisa negra y cruzaba y descruzaba mis largas y bien contorneadas piernas. Me levantó la copa como en un brindis y le mostré que la mía estaba vacía. Se acercó, me invitó a una copa y se presentó. Al darme dos besos el Sr.X sevillano me rozó el rostro con su barba sin afeitar de unos pocos días. Ese cosquilleo me excitó al imaginar ese roce en mis labios, los que él no podía ver. Echaba de menos jugar labios con labios, en realidad echaba de menos la experta boca de mi ex en mi entrepierna. Necesitaba urgentemente que alguien me hiciera olvidar a mi dulce amante, ex-amante.

Al terminar la copa mi Sr. X sevillano me invitó a dar una vuelta por el paseo marítimo. Al salir del bar sentí que la brisa del mar recorría todo mi cuerpo erizando mi piel. Mi acompañante al percatarse de mi frío me puso su cazadora vaquera por los hombros y aprovechando la cercanía me besó. Primero fue un besito, luego otro para terminar invadiendo con su lengua mi boca, buscando la mía. Las dos jugaron entrelazándose, separándose y volviendo a encontrarse. Su boca abandonaba a la mía para recorrer mi cuello humedeciéndolo con suaves lametazos y mordiscos. Sus manos inquietas se lanzaron a mi escote proporcionando a mis pechos caricias por encima de la blusa donde mis pezones se irguieron agradecidos. No llevaba sujetador y la erección de mis pezones era muy evidente e invitaba a su invasor a destaparle y brindarle con el calor de su boca. Mi temperatura corporal empezó a subir y mi Sr. X me llevó a su alojamiento que estaba al final de la playa. Un camping.

Su tienda de campaña estaba provista de dos habitaciones. Su amigo se quedó en el bar cuando nos fuimos y pudimos fácilmente comprobar que él todavía no había vuelto. Ya había hecho el amor con mi ex varias veces en una tienda, pero nunca con vecino y la idea de que su amigo pudiese volver en cualquier momento solo o acompañado me excitó aún más.

Nos metimos en la suya y el Sr. X bajó la cremallera de la entrada de la habitación encerrándonos en su interior. Encendió en el fondo una lámpara de camping gas haciendo que nuestras sombras se proyectasen en la fina tela que separaba las habitaciones. Me quitó las sandalias y me besó los pies. Fue subiendo poco a poco por mis piernas con su experta lengua mojada y caliente. Llegó a mi mini falda, la desabrochó y con suavidad y silencio me la deslizó por las piernas. Siguió subiendo pero esta vez con las manos y me quitó el top ajustado azul que llevaba. Acarició de la misma manera los dos pechos con las manos intercalando con lametones y mordiscos. Chupaba uno y pellizcaba el otro. Abandonó mis pechos dejando que sus manos jugara con ellos y fue en busca de mi boca que ya jadeaba por las delicias recibidas. Mi lengua le esperaba hambrienta y deseosa de entrar en acción y retribuirle con la misma dedicación. Me impidió en silencio que me moviese. Volvió a abandonar mi boca trazando por mi cuerpo un sendero sinuoso hasta llegar a mi pubis. Por delante de su boca llegó su mano, acarició mis labios y se empapó de mi jugo. Se metió los dedos en su boca para saborearme y compartió mi sabor junto con el suyo introduciéndolos en mi boca. Todo mi cuerpo se tensó, todos mis músculos se estremecieron cuando sus labios se acercaron a mi pubis y abriendo los míos con los dedos, su lengua encontró a mi clítoris. Su movimiento era lento y agónico. Sentía como él me chupaba, mordía, lamía mi clítoris al mismo tiempo que sus dedos entraba y salían de mi vagina. ¡¡¡¡Ahhhhhh!!!! Qué tortura más dulce. Mi pelvis se movía al encuentro de sus dedos y mi boca emitía gemidos de placer pidiéndole que me poseyera. Me puso boca abajo, abrió mis nalgas y su lengua exploró mi ano. Se recreó un rato en él excitándome aún más y yo absolutamente tensa busqué con mis manos el clítoris para liberarme. Él quitó mi mano, se echó sobre mi y me penetró por detrás. Despacio, centímetro a centímetro. Se metió hasta el fondo y todo mi ser se llenó de su miembro duro, grande, muy grande. Se movía con seguridad y buscaba mi boca con su boca. Estaba a punto de correrme cuando escuchamos el ruido de la cremallera de la entrada de la tienda. Era su amigo que en silencio entró en su habitación pegada a la nuestra. El Sr. X aprovechó la interrupción para darme la vuelta y ponerme a horcajadas sobre él. Me agarró de la cintura levantándome en el aire para luego clavarme su estaca pero de esta vez con fuerza. Gemí. ¡¡¡¡Ohhhh!!! Era muy grande. Sentía como llegaba hasta el fondo de mis entrañas. Me apoyé con las manos en su pecho y empecé a cabalgar sobre él. Me levantaba todo lo que podía para ver como su enorme falo entraba y salía de mi. Al levantar la cabeza me doy cuenta que mi sombra sentada sobre el Sr.X se proyectaba alargada sobre la pared. La idea de que nuestro vecino, amigo suyo, además de oír nuestros jadeos estuviera viendo mi sombra, me excitó mucho. Tenia público oculto pero seguro que lo pasó muy bien con nosotros. Empecé a moverme con más rapidez golpeando su pelvis con fuerza hasta llegar al orgasmo los dos a la vez liberándonos de la tensión acumulada de placer.

Me dejé caer sobre su cuerpo extenuada y feliz por el goce recibido y me quedé plácidamente dormida.

De cada relación que tuve aprendí algo de mi y esta noche descubrí que me gustaba que me mirasen.


6 Responses to “Rita Rico Acampada sexual”

  1. Me interesando por las aventuras de esta mujer. Si que me gutaría conocerla fisicamente. ¿cuando?

  2. están empezando mis aventuras. ¿Qué mejor forma de conocerme que leyendo mis aventuras sexuales?

  3. Supongo que el amigo que oía el polvazo y veía las siluetas se haría un buen pajote. ¿No?

  4. Prefiero pensar que lo hizo. Al menos la idea de que se divertiera con nosotros al otro lado de la tela, me excitó mucho.

  5. Rita rico Cada historia que cuentas es mejor que la anterior hojala todas las mujeres fueran asi como. Tu

  6. Gracias. Estoy segura de que hay mas mujeres como yo y mejores. El que busca lo encuentra.

Leave a Reply


nueve − 5 =

« »